jueves, 27 de abril de 2017

T2 Trainspotting **

(T2 Trainspotting, Reino Unido 2017) Clasificación México 'C'/EUA 'R'
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

"T2 Trainspotting", o "No es lo mismo Los 4 Drogadictos que Veinte Años Después":
La primera hora se va en reiniciar (una y otra vez) la historia que aparentemente se quiere contar: Renton ha regresado.

La segunda hora fracasa al tratar de entrelazar cuatro historias mal contadas, que por sí solas merecerían sus propias películas y yo vería gustoso:
1. Las desventuras de Sick Boy como padrote y empresario.
2. El romance de Renton y la prostituta que trabaja para Sick Boy.
3. El deseo de venganza que consume a Begbie.
4. La redención de Spud a través de las letras.

El personaje nuevo (la prostituta) es quien resume en una línea el problema de Trainspotting 2: los 4 personajes originales (y por extensión, el director Danny Boyle y el guionista John Hodge) están enamorados de su pasado de drogadicción desenfrenada y disertaciones existenciales, mientras ven pasar trenes escoceses; no viven más que para la nostalgia. Así, pocas cosas en la película significan algo para quienes no han visto o no recuerdan la primera. Si al personaje nuevo no le interesa lo que le pase a los personajes ya conocidos, ¿por qué habría de importarnos a nosotros?

viernes, 21 de abril de 2017

Sandy Wexler *

(Sandy Wexler, EUA 2017)
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala
Esta semana Netflix estrenó en exclusiva una película protagonizada por Adam Sandler. Va mi reseña.

Adam Sandler puede ser gracioso y buen actor, pero uno no lo sabría por sus casi 50 películas, la mayoría malas. Sacando cuentas rápidas (y no las he visto todas, tampoco soy tan masoquista), sólo se salvan 3, acaso 4, de todo el bonche. Por qué Netflix pensó hace unos años que era una buena idea contratar a Sandler para que les hiciera 8 películas en exclusiva, sigue siendo un gran misterio. Las 2 primeras del paquete resultaron infumables. No pude pasar de los primeros 20 aburridos minutos en cada una. Llega ahora “Sandy Wexler” la tercera y al menos, a su favor, esta sí la pude ver completa, por dos razones: primero, por curiosidad y segundo, por Jennifer Hudson, que por alguna mala jugada del destino interpreta al interés amoroso del ridículo personaje de Sandler.

La película propone la historia de “Sandy Wexler” (Sandler con pelo grasoso, gruesos lentes y hablando permanentemente con una de sus irritantes voces en falsetto), un pobre diablo que es mánager de artistas mediocres en el Hollywood de los 90s. “Wexler” conoce y convierte en su cliente a una bella y extraordinaria cantante que trabaja en los ridículos shows de Magic Mountain, interpretada por Jennifer Hudson con una chispa que no hace difícil entender que “Wexler”, además, se enamore de ella.

Lo que de plano no funciona son los trucos de la historia: la cantante también parece enamorada del mánager, a pesar de su pobre personalidad y evidente incompetencia. Eventualmente la cantante despega, pero sin el lastre de “Wexler”, que nunca le confiesa su amor. Aquí es donde llega el segundo y forzado truco: sin mayor evidencia que la palabra de famosas celebridades en entrevistas recurrentes a la cámara, en lo que parece ser una reunión de gala, resulta que “Wexler” sí es muy admirado y sí fue un gran mánager, pero sólo porque el guión lo requiere y, aparentemente, porque todos estos famosos quieren mucho a Adam Sandler.

La poca y mala comedia en esta larga película (arribita de 2 horas), finalmente se compensa con las canciones y la presencia de la Srita. Hudson.

martes, 11 de abril de 2017

Rápidos y furiosos **

(The fast and the furious, EUA/Alemania 2001)
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala


Ante la longevidad de la franquicia rápida y furiosa, me dí a la tarea de ver, por primera vez, la película original. Encontré que la idea que me había formado a través de los años acerca de esta película, por los pedazos que aquí y allá me había tocado ver, era muy cercana a la realidad: no se trata de carreras clandestinas de carros. Simplemente es una historia de fórmula donde el típico nuevo en el pueblo (o en la escuela o en el trabajo o donde usted quiera ponerlo) conoce a los distintos grupos de personas del lugar y eventualmente se convierte en el más popular y en incondicional del líder. En este caso, los "distintos" grupos (corredores “güeros”, “negros”, “asiáticos”, “chicanos”, etc.) ni siquiera son distintos entre sí: todos corren carros compactos equipados con tanques de óxido nitroso para dar acelerones repentinos y ganar el cuarto de milla. Por cierto, eso es todo lo que usted y yo, neófitos en el asunto, aprenderemos de las carreras clandestinas en Rápidos y furiosos.
La originalidad en historias no es el fuerte de Hollywood, pero eso no importa cuando la forma en que se cuenta la película es lo original o al menos lo suficientemente entretenido como para distraernos del refrito. En el caso de Rápidos y furiosos, el punto que se supondría novedoso en realidad no lo es: el recién llegado es un policía encubierto que debe averiguar quién de entre los corredores está cometiendo robos millonarios de mercancía electrónica. Y como ya mencioné líneas arriba, todos los corredores clandestinos son exactamente iguales, excepto por el líder, así que usted y yo nos podemos imaginar desde el principio quién manda a los rateros, pero el policía y sus jefes no tienen tanta imaginación como nosotros.

La gracia de Rápidos y furiosos, dirigida por Rob Cohen a partir de un guión supuestamente inspirado en las carreras clandestinas, está, me parece, en algunas de las secuencias (no todas) de carros a toda velocidad. Se supone que también tienen su gracia Paul Walker, interpretando al policía encubierto, y Vin Diesel, el líder del grupo. Y digo se supone, porque, la verdad, ambos personajes resultan menos interesantes que cualquiera de los carros que manejan. Cómo una película tan mediana dio pie a una serie que lleva ya siete iteraciones en catorce años, sigue siendo un misterio. Bueno, conociendo a Hollywood y al público, más bien no hay misterio alguno. ¿Listos para Rápidos y furiosos 8?

viernes, 7 de abril de 2017

3 idiotas ½*

(3 idiotas, México, 2017) Clasificación México 'B'
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

“¡Pero qué estupidez es ésta! ¡Qué pesadilla!”, opina uno de los personajes en una escena clave (es un decir), en este fallido intento de comedia, sobre 5 dizque estudiantes en una dizque escuela de Ingeniería, que hacen todo menos Ingeniería y una historia coherente. Ignoro si la tal opinión fue dicha respecto a lo que ocurría en la escena de marras o por la película en su totalidad, pero me inclino por lo segundo, después de forzarme a terminar de verla (como el Comanche, soy muy celoso de mi deber).

“3 idiotas”, escrita y dirigida (es otro decir) por Carlos Bolado, es la versión nacional de la exitosa comedia “3 idiots” (que no he visto) estrenada en 2009 en la India, con una historia similar: 2 jóvenes de veintitantos buscan a un tercer compañero de la universidad, de quien no saben nada desde el día de la graduación, algunos años atrás. En “3 idiotas”, mientras viajan del DF al pueblo donde piensan que lo encontrarán, van recordando cómo lo conocieron y todas las travesuras que hicieron juntos en la escuela de Ingeniería. Igualmente, tratan de entender por qué su amigo desapareció sin dejar rastro.

La película, encabezada lamentablemente en más de una forma por la actriz Martha Higareda (ella también produjo y coescribió el guión) es un desastre. Aunque supuestamente estamos viendo recuerdos de los 4 años que los personajes estuvieron en la universidad, nunca se nota que pase el tiempo ni sabemos en qué semestre están en cada momento dado: personajes que ya se habían conocido, luego parecen estarse presentando nuevamente, o bien, siempre parecen estar a punto de graduarse. Todos son caricaturas mal hechas de estudiantes relajientos, populares o nerds, y los dos ignorantes y autoritarios maestros que aparecen son a su vez insultos a la profesión. La propia “Escuela de Ingeniería” (otro decir, con locaciones en el Tec de Monterrey, nada menos) es tan aberrante que es difícil imaginar cómo alguien dio el permiso de usar el respetado nombre del Tec. Bueno, ya de plano cuando los intentos por hacer reír al público fallan una y otra vez, se recurre al humor de kínder sin ningún uso argumental: el estudiante pedorro.

Pedorros son también los motivos que finalmente presenta “3 idiotas” para la desaparición del amigo largamente buscado. Como pedorros son los “inventos” que aparentemente intenta presumir la película en busca de algo de legitimidad (¿una cápsula que se traga para transmitir los signos vitales del paciente y, aunque usted no lo crea, curar “el cáncer”?). Y pedorra la mal utilizada estructura de la comedia romántica entre los personajes de Higareda y Alfonso Dosal, quienes, sospecho, podrían hacer exitosamente una verdadera comedia romántica si se toparan con una en el futuro. Pero no aquí. Una estupidez, una pesadilla.

jueves, 6 de abril de 2017

La vigilante del futuro **

(Ghost in the shell, EUA 2017) Clasificación México 'B-15'/EUA 'PG-13'
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

De acuerdo a “La vigilante del futuro”, en el futuro (que no en el presente, por si había alguna duda), los humanos podrán recibir implantes electromecánicos para mejorar su salud, su apariencia y su calidad de vida. Igualmente, un robot podrá recibir un cerebro humano, que previamente haya estado en un cuerpo destruido violentamente. Así, este robot con cerebro humano podrá ser usado para combatir el crimen. En particular, para perseguir y eliminar a otros robots de apariencia humana que cometan crímenes. Es decir, en el futuro, “RoboCop” y “Blade Runner” serán una sola película que se llamará… “La vigilante del futuro”.

Realmente no hay mucho más que decir sobre esta cinta de fantasía científica del director Rupert Sanders, excepto que el saqueo particular a “Blade Runner” también alcanza a la estética visual y auditiva, con recurrentes tomas aéreas de los rascacielos tapizados de videopublicidad japonesa, mientras la música de fondo remite a Vangelis. En todo caso, es necesario apuntar que la verdadera razón para ver este flojo refrito de aquellas dos películas clásicas de la ciencia ficción ochentera, es que el robot con apariencia humana que recibe el cerebro implantado, no tiene cualquier apariencia humana, no señor. Su apariencia es justamente la de Scarlett Johansson y, en una afortunada decisión de las autoridades policiacas del futuro, el robot usa un traje extremadamente ajustado para que no nos quepa duda: Sí es igualita, en todo, a ScarJo.

jueves, 30 de marzo de 2017

Life: Vida inteligente **

(Life, EUA 2017) Clasificación México ‘B’/EUA ‘R’
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Un gringo, un japonés, dos ingleses y una rusa (nomás faltó el mexicano para completar el chiste clásico), estaban en la Estación Espacial Internacional y entonces llega un marciano. Esa es la premisa de Life: Vida Inteligente, del director sueco Daniel Espinosa. Las posibilidades de lo que ocurrirá después son muchas y Espinosa escogió tomar el camino de la película de terror en donde un grupo de personas está atrapado en un espacio cerrado, junto con un monstruo que se los va despachando de uno en uno. Hablando de clásicos, justo como en Alien, El Octavo Pasajero (del maestro Ridley Scott, en 1979).

Y la pregunta obligada es, si ya tenemos en Alien ese clásico del monstruo espacial al que el público volvemos una y otra vez y del que este mismo año, en unas semanas, de hecho, se estrenará el sexto episodio, ¿cuál es el caso de hacer otra película paralela, que recicla exactamente la misma premisa y exactamente las mismas propuestas de suspenso y terror?

Yo sólo hago la pregunta y, naturalmente, no tengo la respuesta. Sólo soy un espectador que, al descubrirme en el cine ante este refrito, no me queda más que disfrutar lo disfrutable de la cinta, que no es poco, por cierto: imágenes sorprendentemente reales de la estación espacial y acercamientos en primer plano al bello rostro de Rebecca Ferguson, la protagonista junto al siempre efectivo Jake Gyllenhaal, aunque aquí a ninguno de los dos les quede otra cosa qué hacer más que poner cara de preocupados o asustados, dependiendo de dónde ande el monstruo en la escena en turno. Ya vista, mejor me hubiera esperado a la siguiente de Alien.

Logan – Wolverine **

(Logan, EUA 2017) Clasificación México ‘C’/EUA ‘R’
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Ya que ando en preguntas (no tan) retóricas, ¿cuál es el caso de hacer una película de superhéroes a la que no pueden entrar niños? La verdad, la verdad, ¿de veras habrá tantos adultos, adultos de verdad, a los que les interese ver historias de gente con súper poderes físicos que sólo saben llorar y pelearse a trancazos unos con otros?  El director James Mangold aparentemente cree que sí y he aquí su versión de la película de superhéroes “para adultos” que, en mi opinión, se dispara solita en el pie con una referencia forzada y por demás explícita, al cine clásico de vaqueros que tomaba el tema del triunfo de la justicia ante la incivilidad, en la forma de “Shane El Desconocido” (del director George Stevens, en 1953).

La premisa de “Logan” no es para nada la lucha contra la incivilidad. El director Mangold no presenta nada diferente a lo que ya sabemos acerca de los X-Men por todas las películas anteriores de la franquicia: estos personajes son unos apestados a quien nadie quiere porque son diferentes y, por ello, andan por ahí bronqueándose con todos al son de “yooo… soy rebelde porque’lmundo mehahechoasíííí…” En otras palabras, no son más que unos eternos adolescentes glorificados. Eso no era “Shane” y lo siento, pero esos no son los temas que a mí, que ya llevo algunas décadas de adulto, me interesan. ¿A quién sí le interesarían? A cualquier adolescente pero, qué lástima: tienen prohibida la entrada a la película...

viernes, 24 de marzo de 2017

Kong: La Isla Calavera ***

(Kong: Skull Island, EUA 2017) Clasificación México ‘B’ / EUA ‘PG-13’
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Según mis cuentas, “Kong: La Isla Calavera” del joven director Jordan Vogt-Roberts, debe ser mi sexta película sobre el gigantesco gorila, desde que ví la primera (la de 1933) hace unos 40 años, cuando era niño. Y, según mis “otras” cuentas, todas me han gustado, unas más (la de 2005 es la mejor, definitivamente), otras menos y ahora tengo una nueva para la lista de las que me han gustado más.

El encargo de Legendary Pictures (la nueva dueña de la franquicia de Kong y otros monstruos como Godzilla), a Vogt-Roberts, es reiniciar el cuento del chango gigante que es descubierto, en una isla salvaje, por gringos civilizados. Esta vez la historia se sitúa en 1973, frente a las costas de Vietnam y, qué casualidad, los Estados Unidos acaban de retirarse de la invasión a ese país, por lo que ahora son soldados desempleados los que van en busca del gigantesco gorila.

“Kong: La Isla Calavera” me gustó por dos cosas: 1) funciona muy bien el suspenso de que a cada rato pueda aparecer alguno de los monstruos que junto a Kong pueblan la isla; a saber, insectotes y animalotes horribles cuyo único fin es aplastar y/o tragarse a los soldados y 2) sí compré la idea de “pobre chango, qué culpa tenía de que le hubieran mandado un soldado aferrado (Samuel L. Jackson) en ganar una guerra a como diera lugar”.

Cierto, la película tiene sus fallas, bastante grandes, de hecho: desde el inicio nos presenta, además de los científicos y los soldados que forman la expedición, a dos personajes civiles, una fotógrafa de prensa y un explorador estilo Indiana Jones. Aunque sale toda la película, la fotógrafa (la actriz Brie Larson) sólo está para una brevísima referencia al peso de la prensa sobre la invasión de EUA a Vietnam; y el explorador, interpretado por Tom Hiddleston, sólo sirve, a ratos, para mostrar que el actor sí podría ser el nuevo James Bond.

En todo caso, hay un personaje, un militar “retirado” interpretado entrañablemente por John C. Reilly, cuya historia me gustó mucho, tanto por su relación con Kong como por su epílogo beisbolero (mostrado durante los créditos finales). En resumen, con monstruos gigantescos, soldados y guiños al beisbol, “Kong: La Isla Calavera” me satisfizo. Si hubiera visto esta película de niño en una matiné, como en las que ví originalmente una de Godzilla vs. King Kong, habría tenido un día muy feliz. Tan feliz como este sábado pasado en el cine, de hecho.

jueves, 16 de marzo de 2017

Los Cascos Blancos ****

(The White Helmets, Reino Unido 2016)
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Reseña dedicada, con respeto y admiración, a las organizaciones voluntarias de rescate, especialmente a Aguiluchos y Bravo 10, de Mexicali, B.C.


Un joven hombre sale apresurado de su casa en la ciudad de Aleppo, en Siria, después de escuchar explosiones en un barrio cercano; algo tristemente cotidiano en este país inmerso desde hace años en una terrible guerra civil. Corriendo por las calles se reúne con otros hombres, se montan en una camioneta y llegan a un edificio que acaba de derrumbarse por un bombardeo. Estos hombres, usando cascos blancos de seguridad, sin titubear se meten a las ruinas y empiezan a retirar escombros tan rápido como pueden, hasta que encuentran a un bebé cubierto de polvo, apenas distinguible del montón de ladrillos destruidos que lo rodea. Mientras uno de los rescatistas saca al bebé, se escucha el llanto del infante. Está vivo y todos los hombres, conmovidos, se alegran del milagro. Desde que iniciaron los ataques en Aleppo, en 2012, así es la vida diaria de esta comunidad y así es la vida de Los Cascos Blancos.

Durante la primera mitad del documental (de 40 minutos de duración) “Los Cascos Blancos”, el director Orlando von Einsiedel intercala acciones de rescate, con entrevistas individuales a los miembros del grupo. Así, conocemos a hombres que alguna vez fueron constructores, sastres, músicos y en medio de la tragedia que ya se extiende por años, se han convertido en la esperanza de vida de sus vecinos en Aleppo, víctimas de los ataques terrestres y aéreos de ambos bandos de esta guerra. Recién rescatado el bebé desconocido, uno de los miembros reflexiona: -“Cada persona que rescato podría ser mi hijo, o mi hermano”. -“Rescatamos a quien lo necesite, no importa de qué lado estén”, dice otro. Las entrevistas y las acciones de rescate muestran total devoción por el prójimo, en su sentido literal.

La segunda mitad de la película nos lleva a un campamento en el vecino país de Turquía, en donde el mismo grupo de Cascos Blancos se encuentra recibiendo instrucción por rescatistas profesionales. Todo es tranquilidad, limpieza y orden. Un contraste total con lo que acabamos de ver en las calles de Aleppo. Con sólo cruzar la frontera, escapan temporalmente al horror y ahora todos se esfuerzan en aprender técnicas de rescate entre escombros fabricados a propósito, en un patio de entrenamiento. Sobre ellos, por el cielo ven pasar un avión comercial y deben pensarlo dos veces antes de darse cuenta de que no es un avión militar, ni es inminente un bombardeo.

Por teléfono reciben noticias de la situación en Aleppo. Es posible que los parientes de algunos de ellos hayan sido víctimas de nuevos bombardeos. En este momento ellos están lejos y no pueden acudir al rescate. Otros Cascos Blancos lo harán. Tal vez el hermano de alguno de ellos haya muerto. Cuando regresen a Siria, al terminar su entrenamiento, tal vez habrá tiempo de llorarlo, entre rescate y rescate. Para estos voluntarios, cada rescatado, aun siendo un desconocido, es su hijo, su padre, su hermano.

(Los Cascos Blancos puede verse en Netflix.)

jueves, 2 de marzo de 2017

Elle ****

(Elle, Francia/Alemania 2016)
Clasificación México 'C'/EUA 'R'
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Como dice el dicho, la burra no era arisca, pero la hicieron, parece implicar el director Paul Verhoeven, con la historia de Michèle, una mujer parisina de unos cincuenta y tantos años, exitosa empresaria de juegos de video, que crecientemente ve con recelo, molestia y hasta odio a los hombres a su alrededor. Aún así, su frío e inmutable exterior apenas se quebranta, tal vez, ante su inservible hijo veinteañero, ante su septuagenaria y mantenida madre que le sigue dando vuelo a la hilacha, o ante el joven y servicial vecino que la ayuda a cerrar las ventanas por la tormenta que se cierne sobre ellos, real y figurativamente hablando.

¿Quién es ella y por qué es así? El director Verhoeven nos va develando la vida de Michèle, poco a poco, a través de episodios que nos perturban, algunos por su violencia explícita, otros por su violencia implícita y todos por la tensión que va aumentando en el día a día de esta, aparentemente, fría y calculadora mujer. Ella, finalmente, es la absorbente creación de la veterana actriz francesa Isabelle Huppert, merecedora de la nominación al Óscar 2017.

La La Land: Una historia de amor ****

(La La Land, EUA 2016)
Clasificación México 'B'/EUA 'PG-13'
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Ah, qué reconfortante película es La La Land. Juzgue usted: romance, canciones, baile y las zonas bonitas de Los Ángeles, con esa simpática pareja cinematográfica formada por Emma Stone y Ryan Gosling, ya en su tercer filme juntos. Todo, cortesía del joven Damien Chazelle, que en su segunda cinta, después de Whiplash (también nominada al Óscar en 2015) reafirma su principal interés: un amor incondicional por el jazz.

Contada en el estilo idealista de los musicales hollywoodenses de los 50s, gracias a la colorida fotografía de Linus Sandgren (premiada con el Óscar) y la fluida edición, visualmente musical, de Tom Cross (que también editó magistralmente Whiplash), La La Land se sirve de la gracia de su pareja protagónica para imprimir buen humor, melancolía cuando se requiere e inspiradas, si bien terrenales, interpretaciones de los números musicales, a la historia de romance entre una aspirante a actriz hollywoodense y un pianista enamorado del jazz clásico.

Talentos ocultos ***1/2

(Hidden figures, EUA 2016)
Clasificación México 'B'/EUA 'PG-13'
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Durante los 50s, antes de que existieran las computadoras electrónicas, la agencia espacial de los Estados Unidos contrataba a decenas de mujeres extremadamente hábiles en las Matemáticas, para realizar todas las operaciones requeridas para enviar cohetes al espacio. Las empleadas, como en tantos otros ámbitos, ocupaban rangos menores en los organigramas de la NASA y, si eran negras, debían trabajar, comer e ir al baño en instalaciones separadas de las de los empleados “blancos”, en cumplimiento de las infames leyes de segregación racial que regían una parte de los Estados Unidos en el siglo pasado. Eventualmente estas barreras cayeron en la NASA y el director Theodore Melfi encuentra en estos hechos la forma de contar, de una forma compacta y bien hechecita, la historia de tres de las más notables mujeres que hicieron posible el exitoso programa espacial de ese país.

Talentos ocultos se mueve como un cuento predecible pero altamente efectivo, gracias a la dinámica narrativa de Melfi y la definición de los personajes principales, que incluyen no sólo a las tres extraordinarias matemáticas (“computadoras” humanas, como son nombradas en la historia), interpretadas de manera simpática por Taraji P. Henson, Octavia Spencer y Janelle Monáe, sino también al eficiente y comprensivo supervisor, en la piel de Kevin Costner, dominando cada escena en que aparece.

Aunque las tres “computadoras” son mujeres reales, tanto sus personajes en la película como los de apoyo son presentados por medio de estereotipos completamente funcionales para una trama llena de clichés diseñados para tocar las fibras correctas, en el momento correcto. Cine calculado casi casi como si se pusiera un cohete en órbita.

jueves, 16 de febrero de 2017

Todos queremos a alguien ***

(Everybody loves somebody, México, 2017)
Clasificación México ‘B-15’/EUA ‘PG-13’
Calificaciones: ****Excelente ***Bueno **Regular *Mala

La fórmula de la comedia romántica es archiconocida y Hollywood la ha explotado por casi un siglo: La muchacha y el muchacho se conocen de una forma curiosa y al principio, medio se caen bien, medio se caen mal. Luego de una serie de simpáticos encuentros y desencuentros, la muchacha y el muchacho descubren lo que ya todos sabíamos: son el uno para el otro, aunque para ello deban librar un último obstáculo, antes de, como se dice, vivir felices para siempre. Así que es una agradable sorpresa ver que, en su segunda película, la guionista y directora Catalina Aguilar Mastretta escoge el marco de la comedia romántica para explorar exitosamente, como lo hizo en “Las horas contigo” (su excelente ópera prima, disponible en disco e internet) las relaciones familiares.

Y es que, aunque el gancho en “Todos queremos a alguien” es ese juego romántico entre Clara y Asher, dos jóvenes médicos que trabajan juntos en un hospital de Los Ángeles, interpretados por Karla Souza y Ben O’Toole, lo más sabroso de la película se descubre cuando la acción cruza la frontera y se mueve a una finca a la orilla del mar ensenadense, para presentarnos a la familia de Clara, principalmente a su hermana Abby (Tiaré Scanda) y a Daniel, ex novio de Clara (José María Yázpik), que además y por supuesto, es prácticamente un miembro extendido de la familia.

Aún con lo bien hechecita que está la parte de la comedia romántica, es en ese ambiente familiar que arropa a la pareja protagónica, donde se descubre lo que parece ser el verdadero interés de la directora Aguilar Mastretta: Mostrar relaciones familiares, en este caso de hermana a hermana y, en plano secundario, de madre a hija, enraizadas en diálogos sabrosos y creíbles, que nos acercan a todos los personajes, como si fueran, pues sí, nuestra propia familia.

viernes, 10 de febrero de 2017

13ª ****

(13th, EUA 2016) Clasificación ‘TV-MA’ (público maduro)
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Donald Trump es presidente de los Estados Unidos. Es importante, necesario, diría yo, ver la película “13ª”, para entender mejor de dónde vienen (y a dónde van) el lenguaje de odio y las acciones del flamante presidente acerca de los mexicanos. Nominada al Óscar 2017 a Mejor Documental y disponible en Netflix.

La 13ª enmienda a la constitución de los Estados Unidos, abolió en 1865 la esclavitud en ese país. Esta enmienda establece que en los Estados Unidos no existirá la esclavitud ni la servidumbre involuntaria, excepto cuando se use como castigo a criminales. Hago énfasis en la palabra “excepto”, porque ahí radica el centro del planteamiento de este documental. En breve: al dejar de existir los esclavos, los estados del Sur encontraron la forma de mantener a la población negra haciendo trabajos forzados: convertirlos en criminales, para aplicar la 13ª enmienda.

La directora Ava DuVernay (Selma, 2014) enlaza entrevistas con activistas, abogados y algunos miembros destacados de la política estadounidense, para explicar de manera fluida cómo, a partir de 1865 y a lo largo del siglo XX, desde los estados sureños se ha conseguido exitosamente criminalizar a la población negra, originalmente acusando a los hombres de violadores (de mujeres blancas, por supuesto), posicionando como criminales a los negros en la mente de la sociedad,  lo cual llevó a la segregación legal en esos estados. Eventualmente, en la segunda mitad del siglo XX y al terminar la segregación, el estatus de negros asesinos y narcotraficantes ya era aceptado por el grueso de la población norteamericana (los propios negros incluidos), estatus que continúa hasta hoy y ha dado como consecuencia que los Estados Unidos, con sólo el 5% de la población mundial, tenga el 25% de los prisioneros de todo el mundo. Y de ellos, prácticamente la mitad son negros. Sin embargo, sólo el 13% de la población estadounidense es negra.

Teoría de conspiración, podrá decir usted, creer en la caracterización, a lo largo de 150 años, de los negros como violadores, narcotraficantes y asesinos para encarcelarlos. Podría ser. Lo invito a recordar las palabras de Trump al inicio de su campaña electoral: para él (y los muchos gringos que le creen), los mexicanos somos narcotraficantes, criminales y… violadores.

jueves, 9 de febrero de 2017

Hasta el último hombre ****

(Hacksaw Ridge, EUA/Australia 2016) Clasificación México ‘B-15’/EUA ‘R’
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala


Como director, Mel Gibson no le saca al parche a la hora de contar historias. En “Hasta el último hombre” nos presenta un episodio verdadero de la 2ª Guerra Mundial, en la toma de Okinawa por el ejército estadounidense en 1945, donde un paramédico salvó a cerca de 100 soldados heridos por fuego japonés. Por si esto fuera poco, el paramédico lo hizo sin tocar un arma, al enlistarse voluntariamente pero como objetor de conciencia, con base en su fé en el mandamiento cristiano “No matarás”.

El director Gibson, como es su costumbre (Corazón Valiente, 1995; La Pasión de Cristo, 2004; Apocalypto, 2006) no es tímido a la hora de presentar la violencia en pantalla. “Hasta el último hombre” tiene escenas extendidas que ponen al centro de la pantalla todo el salvajismo y la carnicería de una guerra cuerpo a cuerpo. Gibson tampoco es tímido a la hora de presentar sus convicciones de patriotismo y de fé, a través de las creencias de Desmond Doss, su personaje central, un joven adventista de la Virginia rural que, aún enlistado en el ejército, seguro de su deber con su país, pone por delante a Dios y sus Mandamientos.

La encarnación de Desmond Doss que hace el actor Andrew Garfield remite, hasta cierto punto, al Forrest Gump de Tom Hanks, como un joven pueblerino, siempre franco y siempre llevado por su buena conciencia. He ahí una muestra más de la sinceridad de Mel Gibson como cineasta: al leer un poco, me entero que la historia del heroísmo de Doss ha sido embellecida muy poco para la pantalla y sólo en detalles periféricos. Incluso, el verdadero Doss aparece en una entrevista real en algún punto de la película y, por lo poco que se puede ver y oír, en efecto estamos ante un hombre sencillo y franco. Con “Hasta el último hombre”, Gibson demuestra que, a veces, Hollywood no necesita más que contar las cosas como son.

Aliados ***

(Allied, Reino Unido/EUA 2016) Clasificación México ‘B’/EUA ‘R’
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala


De niño y adolescente, las películas sobre la 2ª Guerra Mundial me gustaban mucho, con sus increíbles historias de heroísmo y personajes encarnando los ideales del bien y la justicia. Eventualmente estas producciones desaparecieron de las pantallas para ser sustituidas por cine “de acción”, donde la violencia gráfica gratuita fue creciendo hasta convertirse en la norma de los últimos veintitantos años. El cine de guerra no acabó pero sí fue afectado por este “estilo”. Por eso me da mucho gusto cuando algún cineasta se da a la tarea de regresar a una de esas películas a la antigüita, donde lo central es lo que ocurre lejos del frente de batalla y los héroes sacrifican sus vidas de forma privada, no sorteando campos minados ni esquivando bombas, balas o bayonetas. En este caso, el director Bob Zemeckis presenta el romance entre dos espías aliados, ella francesa, él canadiense, que se conocen y se enamoran perdidamente durante una misión prácticamente suicida en, dónde más, Casablanca.

Zemeckis tapiza la pantalla con romanticismo, de principio a fin. Imágenes estilizadas desde que el espía canadiense (Brad Pitt) literalmente cae del cielo y camina por las dunas marroquís cual Lawrence de Arabia, para conocer e iniciar la misión con la hermosa espía francesa (Marion Cotillard) que será su guía en esta Casablanca poblada por aliados patriotas, franceses “neutrales” y, valga el pleonasmo, nazis despreciables (calcada, para bien, de la cinta homónima e ícono del melodrama heroico y antibélico situado en el mismo periodo histórico), hasta su último sacrificio personal en suelo británico y eventual redención en el paraíso terrenal.

Supongo que el romanticismo y el melodrama, así planteados, no sólo no está peleados con temas de heroísmo en tiempos de guerra, sino son obligatorios en este tipo de cine. Los héroes deben ser fuertes, guapos y fríos ante la adversidad. Las heroínas deben ser hermosas, arriesgadas y complementarlos intelectual e ideológicamente (estas historias siguen siendo machistas, como los orígenes de las guerras, pues). El realismo no tiene lugar aquí. Si Brad Pitt suena o no como parisino, como quebecquense o siquiera como canadiense, sale sobrando, como advierte el personaje de Marion Cotillard. La guerra es siempre terrible, pero sus fines, a veces, son por el bien mayor de la humanidad y no parece que en nuestro tiempo de vida logremos un mundo sin guerras. Sin historias idealizadas como “Aliados”, todo sería gris y triste. Mucho.

jueves, 19 de enero de 2017

Shin Godzilla ***

(Shin Gojira, Japón 2016) Clasificación México ‘B’
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala


¿Qué pasaría si el día de hoy saliera del Océano Pacífico un monstruoso y gigantesco animal y empezara a destruir ciudades japonesas? ¿Cómo reaccionaría el gobierno japonés? ¿Cómo reaccionarían los gobiernos del mundo? La película número 31 sobre Godzilla (la número 29 producida por el estudio japonés Toho, que creara a Godzilla en 1954) contesta estas preguntas, justamente desde el corazón del gobierno japonés: las oficinas del Primer Ministro, al reiniciar la historia del famoso monstruo y hacerlo aparecer en el mundo por primera vez.

El planteamiento de los directores Hideaki Anno y Shinji Higuchi, especialistas en caricaturas animadas, es sencillo: sin anunciarse, el monstruo (inicialmente una especie de pez gigantesco, que poco a poco va cambiando de forma) sale del mar y se lanza sobre la primera ciudad costera que encuentra, destruyendo todo a su paso.

Como ocurre en estos días de “redes sociales”, la aparición es primero notada por ciudadanos comunes y los videos son compartidos y comentados con los consiguientes “likes” a lo largo de la internet, antes de que las autoridades se den por enteradas. Cuando finalmente el suceso llega a oídos del gobierno, pasa lo que quienes pagamos impuestos más sufrimos: el Primer Ministro y sus achichincles se quedan pasmados ante la eventual amenaza, sin siquiera atinar a hacer alguna declaración oficial, esperando que las cosas se arreglen solas. Con gran sentido del humor, los directores Anno y Higuchi hacen su crítica a la inacción burocrática del gobierno japonés pero, siendo justos y hasta benévolos con las autoridades, ese pasmo es sólo inicial y sólo entre los miembros más antiguos del gabinete.

Más temprano que tarde, dos funcionarios jóvenes destraban la situación y las certeras acciones en contra del monstruo inician, mientras la opinión pública continúa compartiendo videos y “likes” de la hecatombe. Por supuesto, en este mundo globalizado, un solo gobierno no puede actuar de manera aislada y menos si se trata de Japón tomando acción militar, así sea contra Godzilla. De modo que la presencia de los Estados Unidos es casi inmediata, con todo lo que ello significa en la historia reciente de ambos países. La amenaza de una nueva tragedia atómica es latente a lo largo de la película y se hace presente en el personaje de la enviada del gobierno estadounidense, una joven gringa/japonesa, nieta de sobrevivientes de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki.

Y, a todo ésto, ¿y Godzilla? Es cierto que la película dedica una gran parte de su tiempo en mostrar las discusiones de los funcionarios de gobierno de todos los niveles, siempre a manera de sátira, lo cual resulta divertido e interesante. Pero cuando mueve su atención a Godzilla avanzando entre las ciudades, no defrauda. Tanto el monstruo como la destrucción se ven aterradoramente reales. Atrás quedaron los tiempos en que era evidente que Godzilla no era más que un actor dentro de un traje de plástico, tumbando edificios de cartón. Lo que no ha cambiado, para bien, es el origen del terror: Godzilla no es un capricho de la naturaleza. En la original de 1954 y ahora en Shin Godzilla, los necios humanos, nadie más, al forzar al planeta somos los responsables de nuestras propias desgracias.

viernes, 13 de enero de 2017

La guerra por la gasolina... y por el agua.

¿La vida imita al arte... otra vez? Las preocupaciones cachanillas (y de buena parte de los mexicanos) de esta semana remitieron a más de un cinéfilo a Mad Max, la épica tetralogía fílmica del director australiano George Miller, con su mundo agobiado por la escasez material y moral. Las penas, con buen cine, son menos, así que a verlas en disco o en internet.

Mad Max (1979)
Un jovencísimo Mel Gibson, en su debut internacional, es el policía australiano Max Rockatansky quien, al perder lo que más quería, persigue, juzga y ejecuta a pandilleros y criminales de la carretera. Al igual que ellos, Max también ha terminado por dejar atrás todo signo de civilidad y decencia en un mundo obsesionado por la escasez de gasolina. La básica historia (inspirada en las de vaqueros solitarios) y la crudeza de la violenta puesta en imágenes siguen siendo referentes de las películas con temas post apocalípticos.

Mad Max 2: El guerrero de la carretera (1981)
Max Rockatansky sigue vivo, años después perderlo todo, incluyendo su humanidad, por causa de los criminales de la carretera. Ahora vaga por un mundo destruido por las crisis energéticas, donde los sobrevivientes se han revertido a una población dividida en tribus enfrentadas violentamente por el dominio del combustible. Max (Mel Gibson) terminará, aunque no lo quiera, del lado de los más débiles en un camino a la redención que él mismo no busca.

Mad Max 3: Más allá de la cúpula del trueno (1985)
Los años pasan, los energéticos se van, literalmente, a la mierda (de cochi: estiércol como combustible, no piense usted mal) y Max (Mel Gibson nuevamente) continúa su solitaria vagancia, pero termina entre salvajes comerciantes que han creado sus propias reglas de dominio y sobrevivencia, dirigidos por una codiciosa y tramposa mujer (la cantante Tina Turner) amante de las artes y la barbarie. El grupo de niños que se une a Max y la violencia muy bajada de tono respecto a las dos películas anteriores hacen de Mad Max 3, lo que la de los ositos es a La Guerra de las Galaxias.

Mad Max: Furia en el camino (2015)
Nadie esperaría que una película de 2015 continuara exitosamente la historia de una trilogía estrenada treinta y tantos años antes. Su creador, George Miller, no falla: ahora la guerra por la gasolina es la guerra por el agua y Max Rockatansky (Tom Hardy relevando a Gibson) es el forzado espectador de una continua persecución en medio del desierto, repleta de colisiones, atropellamientos y explosiones. Muchas explosiones. Y ese convoy de escandalosos percusionistas, gigantescas bocinas y un guitarrista de heavy metal cuyo instrumento dobla como lanzallamas, en un agresivo y divertido espectáculo donde las acrobacias a altas velocidades abundan. Todo ello hace de Mad Max: Furia en el camino, la mejor película de la serie.

jueves, 5 de enero de 2017

Estación Zombie: Tren a Busán ***1/2

(Busanhaeng, Korea del Sur 2016) Clasificación México ‘B-15’/EUA 'R'
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala


La semana pasada publiqué mi lista de las 10 mejores películas que ví en el cine en 2016. Y, como siempre pasa con estas listas, justo al terminarlas uno ya las quiere revisar, para quitarle o ponerle. Después de ver Estación Zombie: Tren a Busán, estrenada el último fin de semana de diciembre, supe que tenía un pilón para mi lista de lo mejor del año.

Le platico, estimado lector, los primeros minutos: Un joven empresario, adicto al trabajo, deja su hamburguesa a medio comer en su oficina de Seúl, para llevar a su pequeña hija a ver a mamá, quien vive en Busán, otra ciudad koreana. La niña sufre el divorcio de sus padres y desea pasar su cumpleaños con mamá, para molestia del ocupado papá. A regañadientes, el hombre aborda con la niña el tren de madrugada, esperando regresar a sus intereses al medio día. Sólo que, como dice el dicho: el hombre propone y el cine de terror dispone… Pa’ pronto, estaciones y trenes se empiezan a llenar de zombis que a mordidas infectan a pasajeros buenos y sanos, cerrándose poco a poco el círculo de seguridad para padre e hija, junto con otros pocos viajeros en ese tren a Busán.

Amén de la economía que muestra el director y guionista koreano Yeon Sang-ho para establecer a sus personajes y entrar en materia, y de su solvencia en montar escenas “de acción” (los continuos  y crecientes ataques de zombis, pues) que se suceden una a la otra aumentando el suspenso y la intensidad de lo mostrado en pantalla, la verdadera joya de la película son sus personajes centrales y cómo se relacionan unos con otros.

Los asuntos por resolver entre el padre ausente y la niña abandonada se van desenvolviendo entre susto y susto y entre enfrentamiento y enfrentamiento no sólo con los zombis, sino también con los otros pasajeros. Es de rigor que en estas películas el grupo de personajes iniciales se vaya reduciendo conforme los monstruos van haciendo de las suyas. El director Yeon tiene el buen tino de usar estas pérdidas no sólo para efectos de horrorizar al público, sino para hacer avanzar la historia hacia su inevitable final.

Y como en toda buena película de terror, los monstruos son sólo un pretexto para contar historias con las que nos podamos identificar. Al alcanzar el tren su destino, no cabe duda, todos los que llegamos, a pesar de los zombis, ponemos el corazón en la mano por estos personajes.