jueves, 26 de diciembre de 2013

Frozen: Una Aventura Congelada ***1/2

(Frozen, EUA 2013) Clasificación México ‘A’/EUA ‘PG’
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala
Ah, qué gusto cuando un gigante como la casa Disney se deja de cosas y regresa a lo que mejor hace. En este caso, el grandioso, en el mejor sentido de la palabra, romántico cine de princesas y cuentos de hadas. Y es que, a juzgar por sus películas de los últimos… quince años, tal pareciera que Disney se había rendido ante la fuerte competencia en el cine animado, empezando por el “fuego amigo” de Pixar, dejando de lado los romances musicales de fantasía, dando lugar a un cine más de comedia y aventuras. Una Aventura Congelada, la nueva cinta musical sobre princesas y con el inmemorial tema del amor verdadero, demuestra, en todos los sentidos, por qué Disney sigue siendo el rey.

Ya desde 2010, con Enredados, la adaptación del cuento de Rapunzel, la casa Disney parecía buscar volver a los días de gloria que no veía desde La Sirenita (1998), La Bella y la Bestia (1991) y Aladino (1992). Y aunque, antes de La Sirenita, la última gran película por el estilo fue La Bella Durmiente (1959), nadie puede negar que junto con Blanca Nieves y La Cenicienta, estos son los personajes y las películas más entrañables de la legendaria productora hollywoodense, muy por encima de todas sus comedias animadas. Sin embargo, marcadamente hacia fines de los 1990s y después de 2001, con la llegada de la fuerte competencia que representó Shrek, Disney buscó otro tipo de historias, enfocadas a la aventura y a la acción.

Y ahora, regresando por sus fueros, nos presenta a las típicas antagonistas de su cine clásico: una reina con poderes sobrenaturales y una indefensa princesa, enfrentadas en una trama que involucra un encantamiento sobre el reino, un príncipe azul y un leal súbdito que puede ver directo al corazón de la princesa. Como de costumbre, la historia de Una Aventura Congelada está vagamente inspirada en un cuento, esta vez, La Reina de las Nieves, del danés Hans Christian Andersen, aunque solamente toma algunos elementos que coloca en personajes y situaciones creados para esta película de princesas.

Hay dos razones por las que Una Aventura Congelada sobrepasa lo hecho recientemente con la mencionada Enredados. Primero, el montaje musical descansa sobre nueve canciones interpretadas en otros tantos números musicales, donde los personajes centrales exponen sus deseos y frustraciones, haciendo avanzar la historia, llevando la cinta de menos a más visual y auditivamente. Prácticamente se puede adivinar la intención de trasladar Una Aventura Congelada a los escenarios de Broadway, lo cual resulta evidente con las canciones escritas por la pareja de compositores teatrales Kristen Anderson López y Robert López y una puesta en escena que remite a la estructura de La Bella y la Bestia y La Sirenita.

Por otro lado, el austero diseño de producción (como debe ser, inspirado en la cultura nórdica), la excelente animación y el montaje musical no sirven de mucho si la trama no tiene fundamentos sólidos. Y aquí es donde me parece que Disney va un paso más allá de lo andado hasta ahora en su cine de princesas. Mientras las pasivas Blanca Nieves, Cenicienta y Bella Durmiente, luego sustituídas por las impulsivas Sirenita, Bella, Pocahontas y Mulan, eventualmente se rendían al “amor verdadero”, ese elusivo y abstracto concepto, en Una Aventura Congelada la búsqueda se aterriza en el poder que tienen los personajes de conseguir, primero, la verdadera libertad, reconociendo su potencial y sus límites, lo cual los lleva a reconocer el amor, no en ese sentimiento bonito de las canciones románticas, sino en los actos que hacemos por nuestro propio bien y por el de los demás.

Hasta la década pasada, cómo no iba Disney ser blanco de burlas en un mundo cada vez más cínico, si sus protagonistas vivían felices para siempre después de un beso de “amor”. En Una Aventura Congelada, por primera vez veo a las princesas liberarse, crecer y, finalmente, darse cuenta que el verdadero amor a los demás empieza en uno mismo. Y a Disney ya le hacía falta, precisamente, eso.

jueves, 19 de diciembre de 2013

El Hobbit: La Desolación de Smaug **

(The Hobbit: The Desolation of Smaug, EUA/NZ 2013) Clasificación México ‘B’/EUA ‘PG-13’
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala
Un año después del estreno de la primera parte de El Hobbit, llega La Desolación de Smaug, mostrando en su breve escena inicial, de apenas unos cinco minutos, por qué la película anterior fue, quitando la secuencia de Bilbo con Gollum, completamente inútil. En esos primeros cinco minutos de El Hobbit 2, el director Peter Jackson nos pone al corriente de qué andan haciendo Bilbo, Gandalf y la banda de enanos, encaminados por la Tierra Media hacia la Montaña Solitaria, donde descansa el terrible dragón Smaug, resguardando el maravilloso tesoro del que despojó a los enanos y sus ancestros.

Pues bien, resulta que El Hobbit 2 sí es mejor que su predecesora pero, al igual que aquella, le siguen sobrando un par de tramas que de cuando en cuando interrumpen la emoción y el ritmo de la historia principal, aunque en esta ocasión esas pausas consisten de secuencias de acción bastante entretenidas, como la de los elfos enfrentando orcos durante el escape en barriles, por aguas turbulentas, de Bilbo y compañía. Aún así, sigo pensando que no era necesario que el elfo principal fuera Légolas, el héroe transplantado de El Señor de los Anillos, ahora reducido a preapratoriano enamorado de una elfa que, por lo demás, es tan valiente y tan hábil con el arco como el ojiazul elfo.

No sé usted, pero yo creo que si una película tan larga como la primera se puede resumir en cinco minutos de pantalla, no hay razón para que en La Desolación de Smaug tengamos que esperar dos horas para la escena triunfal de Bilbo y el dragón Smaug. La divertida escena, con Martin Freeman como Bilbo y Benedict Cumberbatch como el gigantesco dragón (voz y movimientos capturados), vale por sí sola el boleto, así que si se llega tarde al cine, digamos… dos horas, no se habrá perdido mucho.

Capitán Phillips ****

(Captain Phillips, EUA 2013) Clasificación México ´B´/EUA ´PG-13´
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala
Cuando uno es un ciudadano que cree y cumple las reglas de la sociedad, es extremadamente difícil enfrentarse, ya no digamos entender, a quienes por decisión propia no respetan las leyes y viven del abuso de quienes sí observamos estos límites. El director Paul Greengrass explora este choque de valores y antivalores a través de una historia real de piratería moderna, en la que el Capitán de la marina mercante estadounidense Richard Phillips fue víctima de un ataque de piratas somalíes, en 2009.

El Capitán Phillips, encarnado por Tom Hanks es un hombre experimentado y metódico que revisa personalmente cada detalle de su barco carguero, antes de iniciar su travesía por el Océano Índico, rodeando las costas africanas frente a Somalia. La zona es, desde hace años, punto de frecuentes ataques de piratas que, a punta de metralleta, secuestran buques comerciales y los despojan de sus mercancías o bien, los liberan después de cobrar jugosos rescates. Phillips y su tripulación lo saben y, a pesar de sus precauciones, eventualmente su barco es tomado por cuatro jóvenes somalíes que se mueven en una lancha rápida, con armas proporcionadas por alguno de los muchos grupos criminales que operan en la costa de Somalia.

El director Greengrass es un maestro para crear y hacer crecer paulatinamente la atmósfera de tensión en la historia que cuenta, acumulando pequeños elementos de información visual y auditiva que eventualmente explotarán en escenas que, por decir lo menos, dejan temblando al espectador. No sólo son las convincentes actuaciones del veterano Hanks, que una vez más demuestra por qué es el favorito del público y de los premios Oscar, ni las de los actores africanos que interpretan a los piratas. Ya de por sí, los enfrentamientos entre Tom Hanks y Barkhad Abdi, el joven actor somalí/estadounidense que hace del líder de la banda, nos transmiten una terrible sensación de impotencia de ambas partes: Phillips, con toda su experiencia y respeto por las reglas, por tener que lidiar con esta partida de rateros de poca monta que se envalentonan al tener un rifle de asalto en sus manos. Y los rateros marinos, crecientemente encorajinados al encontrar tan poca colaboración de sus víctimas: “relájate, esto será fácil, nos pagan y nos vamos…” repite como mantra el líder, para luego recurrir a la violencia explícita.

No sólo, decía, son estas escenas creadas tan efectivamente por los actores, sino la absorbente historia escrita por el guionista Billy Ray, la fotografía de Barry Aykroyd en una puesta en imágenes casi documental y una banda sonora, con música compuesta por Henry Jackman, que estira en nuestros oídos notas que semejan el zumbido que se siente al estar en situaciones de presión y peligro, o bien, el eventual uso de silencios para acentuar el drama en pantalla.

Ignoro si los hechos ocurrieron como se muestran pero Greengrass cuenta la historia de Phillips y sus captores en una forma que nunca se percibe embellecida para Hollywood y la cercanía del peligro es mayor, al tener a Tom Hanks como vehículo de las emociones del espectador. A pesar de su estatus como actor y a diferencia de otras grandes estrellas de cine, Hanks sigue logrando interpretar personajes que se parecen a usted, a mí, a mi vecino… y vea usted qué carta se juega Greengrass al confrontar a Hanks con el joven Abdi, un perfecto desconocido, en su primera película, además. Esto, creo, sirve también para subrayar el punto central: a usted, a mí o a mi vecino, se nos puede atravesar un mal día uno de estos perfectos desconocidos, para sacar ventaja de lo que nos hace vulnerables frente ellos: nuestro respeto a la ley. En Capitán Phillips no hay sermones para un lado ni para el otro, pero queda claro que hay una razón muy poderosa para que tengamos leyes. Nuestras vidas (la de usted, la mía, la de mi vecino y hasta la de los criminales) dependen de ello.

viernes, 13 de diciembre de 2013

Este es El Fin ***1/2

(This is the end, EUA 2013) Clasificación México ‘C/EUA ‘R’
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala
Ah, qué gusto cuando los cineastas se olvidan de la corrección política y llevan la parodia y la sátira hasta sus últimas consecuencias. Y en el caso de Este es El Fin, el actor, escritor y director Seth Rogen literalmente va hasta las últimas consecuencias, con el Armagedón como fondo de esta oscura comedia.

Todo empieza con Seth Rogen recibiendo en el aeropuerto de Los Angeles a su amigo y colega actor Jay Baruchel (a quienes vimos juntos en Ligeramente Embarazada, escrita también por Rogen). Seth y Jay se enfilan a Beverly Hills, para la inauguración de la casa de James Franco (a quien vimos recientemente en Oz El Poderoso y en Spring Breakers pero también junto a Rogen en Piña Express). En la casa de Franco se encuentran con una fiesta típica de Hollywood, donde hay de todo: como dicen, sexo, drogas y rocanrol. De los invitados a la bacanal reconocemos, entre otros, a Emma Watson (Hermione en las películas de Harry Potter), a Rihanna (cantante y actriz en Batalla Naval) y a Michael Cera, Jonah Hill y Christopher Mintz-Plasse (el trío de adolescentes bobalicones de Supercool). Todos ellos y otros más bebiendo o bien, drogándose o bien, escabulléndose a alguna habitación para un rapidín. Como dije, típica fiesta de Hollywood.

Notará el lector que he insistido en los nombres de los actores que aparecen y esto no es un capricho trivial: resulta que las celebridades que vemos en Este es El Fin se están interpretando a sí mismos. O, mejor dicho, a versiones (espero) ficticias y amplificadas de sí mismos. Así, por ejemplo, descubrimos que Michael Cera es un degenerado narcisista, Jonah Hill es un dulce joven que quiere ser amigo de todos, Emma Watson una incipiente alcohólica, al igual que Rihanna; James Franco es un inseguro millonario que insiste en ser reconocido como muy cultivado, además de profesar una malsana devoción por Seth Rogen, quien, por otro lado y junto con Jay Baruchel no son más que dos mariguanos que actúan, por unos sueldazos, en películas sobre… mariguanos.

Tome usted ahora este coctel de finas personas e insértelos en una catástrofe natural, como un enorme terremoto de los que tememos algún día azotarán estas regiones de la falla de San Andrés. Fieles a la premisa inicial, inmediatamente salen a relucir las egoístas y vacías personalidades del grupo de actores, a quien se unen los igualmente degenerados Craig Robinson y Danny McBride en un esfuerzo conjunto por sobrevivir. Excepto que la susodicha catástrofe natural no es un terremoto cualquiera sino, como queda claro para quienes lo vemos desde la butaca, nada más y nada menos que el Armagedón, mejor conocido como el fin de los días anunciado en el libro del Apocalipsis. Así ya cambia la cosa.

Lo realmente valioso y el mejor detonador para la comedia en Este es El Fin es, precisamente, que la cosa no cambia: los personajes que vemos sí son superficiales, vacíos, degenerados y egoístas. Ni el Armagedón los hará cambiar y, en todo caso, ¿cuál sería el punto, si ya están en medio del Juicio Final?

El mérito es, sin duda, de los coescritores y en esta ocasión codirectores canadienses Seth Rogen y Evan Goldberg, que deciden echarse de cabeza en medio de lo peor del mundo hollywoodense y arrastrar en el camino a sus colegas y amigos, que por su parte les siguen el juego hasta donde sea que quieran llegar. Este estilo de comedia subversiva y hasta de denuncia, más común hace unos cuarenta años, ha desaparecido casi por completo de Hollywood y es refrescante encontrar películas así, con actores como éstos, que no tienen miedo de no sólo parodiar a ese sistema de fabricación de celebridades al vapor, sino utilizar sus propios nombres e imágenes públicas en aras de la sátira desbocada. Esperemos que el jucio final hollywoodense no llegue pronto para este par.

viernes, 6 de diciembre de 2013

Lo peor de 2013


Bueno, exagero: no es lo peor de 2013. En primer lugar, 2013 todavía no termina y, en segundo, mentiría si dijera que ví todas las películas que se han estrenado en el año. Así que, en realidad, esta es la lista de lo peor que ví en las carteleras entre enero y noviembre. Ya sólo nos quedan tres semanas para que termine diciembre y, con ellas, varias buenas películas por ver, así que espero sacarle la vuelta a los churros que, ni modo, también se colarán a nuestras pantallas y en una de esas nos agarrarán desprevenidos entre posada y posada. (Puede usted checar la lista de churros vistos por Diezmartínez en 2013 acá.)

La Extraña Vida de Timothy Green (The Odd Life of Timothy Green, EUA 2012) – Película chapucera acerca de un matrimonio sin hijos, que busca adoptar a toda costa apelando a los sentimientos de la directora de la agencia de adopciones, por medio de una historia que quiere ser fantástica pero termina siendo fantasiosa y bastante hueca.

G. I. Joe: El Contraataque (G.I. Joe: Retaliation, EUA 2013) – Los G. I. Joe no se parecen en nada a los muñequitos de mi infancia: matan soldados aliados; el plan de Cobra para apoderarse del mundo parece salido de una mente de ocho años; cada cinco minutos, balazos, explosiones, corretizas y muertos. Muchos muertos. Por ahí, Jonathan Pryce, Dwayne Johnson y Bruce Willis sueltan alguna línea chistosona o patriotera. La verdad, prefiero volver a jugar con muñequitos.

Los Pitufos 2 (The Smurfs 2, EUA 2013) – No hay mucho qué ver y menos qué decir. Los Pitufos 2 es una película que gusta a los niños pequeños por traer a la pantalla a los personajes azules, combinados con actores de carne y hueso, en un estilo de dibujo y animación que hace parecer muñecos de peluche a los pitufos, así que la visita a la juguetería es más que obligada al salir del cine, eso sí, después de soltar la única carcajada de toda la película con el explosivo final de Gárgamel.

Mejor… ¡Ni Me Caso! (The Big Wedding, EUA 2013) - El guión se encarga de sentar todas las bases para la comedia de enredos pero, escena tras escena, le niega a su excelente cuadro de actores (Diane Keaton, Susan Sarandon, Robert De Niro, Topher Grace, etc.) la posibilidad de brillar cómicamente, estableciendo una situación para cada personaje, para luego darles líneas poco graciosas. Cuando se acaba la gasolina de la comedia, la escena invariablemente cambia a melodrama sentimentaloide. Mejor... ni la vea.

Aprendices Fuera de Línea (The Internship, EUA 2012) – Dos cuarentones toman el reto de conseguir trabajo en Google. Si a usted le gustó el hilarante trabajo de Owen Wilson y Vince Vaughn en Los Cazanovias (2005) y se quiere reír con este par nuevamente, mejor vuelva a ver Los Cazanovias. Y si a usted le gustaron los retos que enfrentan Mike Wazowsky y Sully para entrar a la escuela en Monsters University, mejor vuelva a ver Monsters University. Pero si de plano tiene muchas ganas de ver lo que se supone que alguien tiene que hacer para entrar a trabajar a Google, se divertirá más gugleando el asunto que viendo este bodrio.

No Se Aceptan Devoluciones (México 2013) – Derbez no aporta mucho a esta versión del padre inesperado, excepto por el humor que, en el mejor de los casos, provoca sonrisas y, en el peor, acaso mantiene el mismo nivel que el de sus programas de televisión. En otras palabras, si usted disfruta los chistes de Derbez En Cuando y La Familia Peluche, en No Se Aceptan Devoluciones tendrá más de lo mismo que puede ver en televisión, Sammy incluido.

Django Sin Cadenas (Django Unchained, EUA 2012) – La extraordinaria primera hora se va al caño con las pésimas dos horas siguientes de esta visión tarantinesca de las películas de vaqueros italianas de los 60s y 70s, sin faltar la consabida (y esperada por los fans) lección de historia del cine que tanto le gusta a Tarantino y que le ha salido tan bien en sus películas anteriores. Otra vez será.

MENCIONES HONORÍFICAS

Dos películas que de plano no aguanté más de media hora antes de picarle al STOP (afortunadamente las ví, o mejor dicho, las intenté ver, en video). Tal vez se pusieron bien después de esos pésimos primeros treinta minutos. Nunca lo sabré.

Siete Sicópatas y Un Perro (Seven Psycopaths, RU 2012) – Los anuncios la pintaban como una comedia alocada. Ni cómica, ni loca. Solamente escandalosa y aburrida.

Por los Viejos Tiempos (Stand Up Guys, EUA 2012) – Al Pacino, Christopher Walken y Alan Arkin. Qué manera de desperdiciar el talento.

viernes, 29 de noviembre de 2013

Amor a Primera Visa **1/2

(Pulling Strings, México, 2013) Clasificación México ‘A’ / EUA ‘PG’
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala
A ver, haga usted la suma: el muchacho guapo conoce a la muchacha bonita; se caen mal al principio; por azares del destino se siguen tratando, enfrentan juntos algunas complicaciones, se conocen mejor y ya no se caen tan mal, pero luego se descubre un obstáculo para que el romance prospere… ¿qué cree usted que pase? Efectivamente, esta es la fórmula para todas las comedias románticas que nos hemos recetado los cinéfilos desde las épocas doradas del cine del siglo XX. En esta ocasión toca el turno a Jaime Camil, como “el muchacho”, recorrer ese caminito que todos caminaremos, como decía aquella vieja solterona.

Camil interpreta a un triste chilango viudo, dedicado a cantar con mariachi en fiestas privadas, para mantener a su pequeña hija en un caro colegio particular, mientras consigue enviarla a vivir con los abuelos maternos a Arizona. Así, acude a la embajada de los Estados Unidos a tramitar las necesarias visas pero, como bien sabemos quienes vivimos en la frontera, al no poder justificar legalmente sus ingresos, carecer de propiedades y en general, no poder demostrar que no tiene intenciones de brincarse el cerco para quedarse del otro lado, la visa le es negada por la joven y guapa Rachel, oficial de la embajada, una güerita (la importada Laura Ramsey) que, cansada de oír las explicaciones de todos los mexicanos que entrevista diariamente, tiene los ojos puestos en una relocalización a la embajada en Londres.

A los muchos problemas del deprimido mariachi que, por cierto, se llama Alejandro Fernández, lo cual, nos podemos imaginar, de vez en cuando provoca malos entendidos con sus posibles contratantes, se suma el haber perdido la oportunidad de la preciada visa. Pero su trabajo lo lleva a cruzarse nuevamente con Rachel. Ante una forzada situación, Alejandro logra que Rachel lo acompañe en una travesía por algunos pintorescos lugares de la ciudad de México, con el pretexto de recuperar un objeto perdido, propiedad de la embajada. El plan de Alejandro es que, en dos días, Rachel se dé cuenta de que es un hombre responsable, trabajador y con ingresos suficientes para merecer la visa.

Por supuesto, la fórmula obliga a que Alejandro mienta en algunas cosas, o más bien en todas, a Rachel, quien cae redondita en la mentira, pero no para darle la visa (después de todo, Alejandro debería saber que ese asunto ya no está en las manos de ella), sino para enamorarse de este grandote y apuesto mariachi y, de paso, reconsiderar todo lo que había pensado acerca de México y los mexicanos. La película es lo suficientemente ligera para que no estorbe el reducir el conocimiento de la mexicanidad a que Rachel coma tostadas de tinga, tome tequila en el Tenampa y dé serenata con mariachis, mientras atestigua (y participa de) nuestro gusto por la ilegalidad a cada paso que damos. La magia de la comedia romántica funciona, Rachel olvida sus tristezas y Alejandro no se hace del rogar.

A pesar de los deprimentes problemas personales que el director Pedro Pablo Ibarra y sus ¡cuatro! guionistas (entre ellos, Issa López, de Casi Divas y Efectos Secundarios) insisten en cargarle a la pareja, casi todas las situaciones en las que se involucran son lo suficientemente simpáticas para hacer sonreír a lo largo de la historia. Además, varios momentos logran carcajadas, generalmente cortesía del Canicas, amigo incondicional de Alejandro, interpretado por Omar Chaparro como una especie  de Tin-Tán venido a menos. Lamentablemente algunos otros salen sobrando, en particular la participación de la veterana Stockard Channing, en el ingrato papel de la opresiva (y depresiva) pero voluble mamá de Rachel. Y no es culpa de Channing, sino de los guionistas que metieron esa inútil subtrama. Aún con estos lastres, me encontré deseando que las cosas salieran bien para Alejandro y Rachel, hija o no hija, visa o no visa, mariachi o no mariachi, canciones "playbackeadas" de Jaime Camil o no. Viva el romance.

viernes, 22 de noviembre de 2013

Metegol ****

(Argentina/España, 2013) Clasificación México ‘AA’
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Para Román, pequeño gran futbolista.
Como decía el clásico, “A LOS QUE QUIEREN Y AMAN EL FUTBOL”, el cine pocas veces les ha hecho justicia. Es un misterio el que  el deporte más popular del mundo tenga tan mala pata a la hora de ser representado en la pantalla grande, a diferencia de otros que han dado lugar a grandes películas, como el beisbol o el boxeo, por ejemplo. Supongo que se necesita la mezcla exacta de deporte y corazón. Justo como en Metegol, la excelente cinta de dibujos animados del director argentino Juan José Campanella.

Metegol es como le dicen en Argentina a los futbolitos: esas mesas que simulan ser una cancha de futbol, donde los jugadores mueven varillas en las que están atornillados muñequitos que forman los equipos, para meter goles con una pequeña pelota del tamaño de una canica. Y Amadeo es un niño virtuoso y a la vez fanático del futbolito, al grado de poner nombres y asignar personalidades imaginarias a cada uno de los muñequitos de la mesa en la que pasa los días perfeccionando sus técnicas de juego. Así, mientras mueve a sus monitos metiendo gol tras gol a sus contrincantes, imagina los diálogos entre los jugadores de metal que, bajo su cuidado, lucen peinados, melenas y hasta bigotes al estilo de algunos de los jugadores más famosos del siglo XX.

Junto a Amadeo siempre está Laura, la niña que sabe que Amadeo está destinado a grandes cosas y lo ama en secreto. Y no tan en secreto, ya que un buen día Laura anima a Amadeo a enfrentarse en el futbolito a Grosso, otro pequeño virtuoso del futbol, pero el de verdad, donde con los propios pies se patea un balón. El tímido Amadeo demuestra que es mejor que Grosso moviendo a los monitos y los años pasan. Amadeo (voz de Alfonso Herrera) y Laura (voz de Irene Azuela), ahora jóvenes adultos, siguen en su rutina pueblerina. Grosso (voz de Ricardo Tejedo) se ha convertido en el mejor futbolista del mundo y, de paso, en una insoportable estrella mediática que ahora regresa para apoderarse del pueblo y vengarse de Amadeo, con ayuda de su vampiresco representante (voz de Humberto Vélez, el Homero Simpson original).

Y entonces, los monitos del viejo futbolito cobran vida. Fieles a las personalidades que Amadeo les ha dado en su imaginación todos estos años, se liberan de las varillas de la mesa para buscar salvar a todos de la inminente destrucción a la que Grosso los ha condenado.

De este modo, Metegol se mueve en dos niveles. Primero, el de los humanos, con Amadeo y Laura enfrentados con convicción y sentido de justicia al resentido, prepotente y corrupto Grosso. Y segundo, el nivel de la fantasía en que los monitos viven sólo para formar sus equipos y jugar partidos de futbolito. Es encomiable el compromiso de los muñecos con sus personalidades . Destacan el Capi, líder inquebrantable;  el Beto, un pequeño Maradona con todo y acento argentino; y el Loco, un místico jugador que es uno con el universo. En la tradición del cine de juguetes que cobran vida, conmueve la lealtad que le profesan a ese muchacho que, a través de los años, ha hecho posible que vivan para golear.

El diseño de los personajes y escenarios es muy peculiar y diferente de lo que Hollywood, sobre todo Pixar y Disney, nos envía a los cines cada seis meses. Y el gusto por esa diferencia se acentúa al ver que los movimientos de los labios de los personajes corresponden a lo que se dice en Español, al ser una producción originalmente argentina, distribuida en nuestro país con acentos neutrales y lenguaje mexicanizado.

El director Campanella, que también escribió el guión, junto con Gastón Gorali y Eduardo Sacheri, basados en un cuento del genial Fontanarrosa, no niega la cruz de su parroquia en Metegol. Primero, como apasionado del futbol, cosa que ya sospechábamos desde El Secreto de Sus Ojos (Argentina, 2009), cinta de suspenso donde el futbol es usado de manera clave en la historia. En Metegol, el futbol es el generador de la pasión de los personajes para lograr lo que más desean. Y segundo, queda claro que Campanella es un cinéfilo de hueso colorado que goza, además, de un gran sentido del humor. Desde la primera escena, literalmente en los albores de la humanidad, las graciosas referencias a grandes películas, lo mismo de altos vuelos intelectuales, como 2001: Una Odisea Espacial o la más pura aventura, como Volver al Futuro o Parque Jurásico, pasando por la obvia trilogía de Toy Story cuando se centra en las peripecias de los muñequitos o bien, las citas a clásicas cintas de vaqueros ante los duelos a que se retan Amadeo y Grosso. Y nada de esto es usado de manera recargada u oscura, sino como parte de la trama, con chistes para todo público, conocedores del cine o no, aficionados al futbol o no, en un cuento de lealtad y pasión. Justo como debe ser una buena película: para todos los que quieren y aman… el cine.

viernes, 15 de noviembre de 2013

Carrie: Un Extraño Presentimiento ***

Preparándome para el estreno de Carrie, va mi reseña de la película original.
(Carrie, EUA 1976) Clasificación México ´C´ / EUA ´R´
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala
No tuve la suerte de ver Carrie: Un Extraño Presentimiento, la décima cinta del director norteamericano Brian De Palma, en su estreno en nuestro país, durante 1977 y parte de 1978 (en esos años previos al cine en video y la tele por cable, las películas duraban meses recorriendo las salas del país). Cuando por fin la ví en video, a mediados de los 80s, Carrie ya era objeto de leyenda y varias imitaciones en el cine de terror hollywoodense.

Carrie fue la primera adaptación cinematográfica (por el guionista televisivo Lawrence D. Cohen) de una novela del entonces joven escritor de terror, Stephen King. Trata sobre una frágil adolescente, víctima de sus abusivos compañeros de preparatoria, que llega al límite del aguante y, usando sus recién descubiertos poderes telekinéticos, toma venganza fatal contra todos los graduados, acabando de tajo con una generación completa de estudiantes en una pequeña ciudad.

Ahora que la volví a ver, debo decir que la primera hora de Carrie ha envejecido mal, con una exposición de personajes y hechos que resulta acartonada y, de alguna manera, típica del cine comercial de fines de los 70s, con adolescentes relajientos pero muy ordenaditos, tomando turnos para hacer y decir las cosas. En esa primera hora, las cosas funcionan mucho mejor cuando Carrie (la angelical Sissy Spacek) está sola o con uno o dos personajes más, particularmente con su opresiva mamá, una fanática e ignorante mujer con una idea muy torcida de la religión y la educación.

La película cobra relevancia mayor en su genial última media hora, donde el director De Palma hace gala de su maestría para el suspenso, en una secuencia extendida sin cortes y sin diálogos, continuando, por si fuera poco, con siete minutos presentados en cámara lenta que nos tienen al borde del asiento, esperando la cruel travesura que los chamacos abusivos (Nancy Allen, la futura amiga de Robocop y John Travolta, antes de su triunfal Fiebre de Sábado por la Noche) le han preparado a la inocente Carrie. La “broma” desata una sangrienta pesadilla, que en pantalla dura menos de cuatro minutos, con uno de los recursos favoritos de De Palma: la pantalla dividida, que muestra a Carrie ejecutando su venganza sin siquiera parpadear. Sí, las imágenes en pantalla duran apenas los cuatro minutos, pero el impacto de estas escenas y del legendario y multicopiado epílogo han perdurado ya por treinta y seis años.

viernes, 8 de noviembre de 2013

Thor: Un Mundo Oscuro **

(Thor: The Dark World, EUA 2013) Clasificación México ‘B’ / EUA ‘PG-13’
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala
Thor: Un Mundo Oscuro, la segunda cinta de los estudios Marvel sobre el superhéroe basado en el dios nórdico del trueno, dura dos horas. Dado que la primera hora es aburrida, reiterativa y de plano mala, pero la segunda hora es emocionante y, sobre todo, divertida, tiene sentido que las cadenas de cine locales tengan un día de 2x1 a la semana. Así uno sólo paga medio precio por la mitad buena de la película.

En esta segunda vuelta de Thor, después de su intervención en Los Vengadores (Whedon, 2012), dos años han pasado desde que el güero y fornido extraterrestre (Chris Hemsworth) se paseó por un pueblito de Nuevo México, martillando todo a su paso y que, al regresar a su plano espacial, rompió el corazón de la hermosa científica humana Jane Foster (Natalie Portman). Thor y sus amigos, una especie de extraterrestres extremadamente longevos, que los hace parecer inmortales en comparación con los humanos, se divierten dándose de catorrazos con todo el que se les atraviese en los distintos planos espaciales en los que se mueven. En esta historia el que es tuerto es rey: el papá de Thor, el parchado Odín (Anthony Hopkins ganándose la papa, con un greñero digno de El Temerario Mayor), castiga a Loki, su hijo adoptivo, por traicionar al reino y destruir medio Manhattan en la mencionada aventura de Los Vengadores. Loki (el excelente británico Tom Hiddleston) pasará el resto de sus días peinando su negra melena en un calabozo, junto a otros criminales que Thor y su pandilla van coleccionando en sus múltiples batallas. Claro que, siendo Loki el único personaje verdaderamente interesante en el reino de Odín, sólo es cuestión de tiempo el que encuentre la forma de liberarse y hacer que Thor vuelva a hacer berrinches, para nuestro entretenimiento.

Pero para que llegue ese momento en que la película se pone buena, tiene que pasar una hora de explicaciones sobre los enemigos a los que Thor y compañía se enfrentarán para evitar que se apoderen de una especie de polvo o gas antiquísimo y supuestamente valiosísimo, pero que no me quedó muy claro para qué servía, excepto que al tenerlo, destruirían el universo entero. ¿Por qué será que los malos de este tipo de películas siempre quieren destruir el mundo (o el universo, pues), sin pensar que ellos también están en él? En fin; el caso es que cuando Thor y Loki se juntan la cosa se pone buena y la película cobra vida, tanto en acción como en chiste tras chiste, todos por cuenta de Loki, por cierto.

¿Y qué hace uno la primera hora, para pasar el rato? Bueno, si usted no se hizo de un vaso de palomitas que lo mantenga animado, puede entretenerse con los intermitentes chistes que el director Alan Taylor le encarga a los humanos amigos de Thor y que aparecen, literalmente, por aquí y por acá en Londres. Las simpáticas Natalie Portman y Kat Dennings, junto con el sueco y también simpático Stellan Skarsgard, se encargan de preparar el terreno para la emocionante batalla final que, por supuesto, tiene que ocurrir en la Tierra. Lástima que Taylor no decidiera dedicarle más tiempo de esa primera hora a los amigos extraterrestres de Thor, que también parecen muy divertidos y entre quienes se cuenta la bella pero desperdiciada Jaimie Alexander, quien interpreta a la guerrera Sif, enamorada indondicional de Thor. Hombre, con Natalie Portman y Jaimie Alexander para escoger y ese Thor se conforma con su martillito…

"Críticos de todo el país, uníos."

Me enteré ayer, por la tarde, de la muerte del crítico de cine Gustavo García.
No tuve el gusto de conocerlo y no lo he leído tanto como debiera. Sé más de él por su amistad con Ernesto Diezmartínez, el crítico de cine que más disfruto leer (y de paso, entrañable amigo desde que éramos más chamacos) y por quien, a través de los años, sigo teniendo el placer de encontrar a cinéfilos con articulada visión crítica como Gustavo.

Es una pena perder a un crítico mexicano como Gustavo García, sobre todo cuando en nuestro país estamos más acostumbrados a pelear que a discutir con argumentos válidos. Les comparto un par de artículos publicados por él en la revista nexos, en 2010, donde me incluí y luego fui incluído por Gustavo en la breve pero divertida discusión, precisamente, sobre el estado de la crítica cinematográfica mexicana en la internet. No volvimos a coincidir; ahí quedan, en la red, sus textos.

Dosier: Extinción de dominio.

Dosier: Un fantasma recorre la internet.

sábado, 2 de noviembre de 2013

El Resplandor... pelando la cebolla.

Para los amigos lectores que me han estado preguntando por El Resplandor (The Shining), la adaptación fílmica de Stanley Kubrick, de la novela homónima de Stephen King, comparto la reseña del crítico Peter K. Rosenthal, de la revista en línea The Onion. Estoy seguro que este punto de vista (en Inglés, sin subtítulos, por cierto) les dará un nuevo aprecio por el trabajo de Kubrick...

The Onion Looks Back At 'The Shining'

viernes, 1 de noviembre de 2013

Thor **1/2

(Thor, EUA 2011) Clasificación México ‘B’ / EUA ‘PG-13’
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala
Ante los sorprendentes éxitos del renacido cine de superhérores, con El Hombre-Araña y Iron Man a la cabeza, ambos propiedad de la compañía Marvel, era de esperarse que se buscara continuar ordeñando esa vaca. He aquí la versión fílmica de Thor, personaje basado en el dios vikingo del trueno que, aunque no tan conocido como otros superhéroes, en las manos correctas debería darnos una película de aventuras emocionantes y divertidas. En las manos correctas…

Dirigida por el británico Kenneth Branagh, Thor se debate entre ser un drama de lucha por el poder, y una cinta de aventuras sin mayores pretensiones que entretener al espectador mientras se zampa un bote de palomitas. Branagh ha salido mucho mejor librado con sus adaptaciones fílmicas de los clásicos de Shakespeare (las sobresalientes Enrique V, Mucho Ruido y Pocas Nueces, Hamlet, por mencionar tres) pero puedo entender la intención de encargar esta historia de intrigas reales al experimentado director.

En mi opinión, la película se divide entre la parte “aburrida”: las escenas de Thor y su familia en el planeta o plano astral o lo que sea donde está el castillo y el puente de arcoíris, y la parte divertida: las escenas en la Tierra, más específicamente, en un pueblito del desierto de Nuevo México, donde Thor se encuentra con los terrícolas y descubre que se necesita mucho más que poderes divinos para enfrentar a los humanos.

Thor es interpretado por el güerote australiano Chris Hemsworth, quien con sus abultados músculos y peinado largo de salón, al menos sí parece un personaje de historieta. Pero quienes se llevan las palmas por ganarse la papa son Natalie Portman, como la humana/interés amoroso de Thor y Stellan Skarsgard, ese actor sueco favorito de Hollywood. Para aparecer ambos un buen trecho del metraje en pantalla con personajes que no lo son y que en realidad no hacen nada (ninguno de los dos), se necesitan verdaderos buenos actores. Y si de paso uno es el simpático Skarsgard y la otra es tan hermosa como Portman (y Branagh nos regala varios close-ups para demostrarlo), entonces que se sigan ganado la papa y cobrando el cheque. Ya quisiera George Lucas que Portman hubiera mostrado por el papá de Luke Skywalker (en su papel de la Reina Amidala) la mitad de la emoción exhibida aquí por Thor.

En mi opinión, este tipo de trabajo es más meritorio para Portman que lo visto en El Cisne Negro (Aronofsky, 2010), donde hacer de loca es lo más fácil. A mí no me hubiera salido tan bien estar siempre en la baba y Thor me hubiera mandado a la goma en el primer minuto (en el papel de Skarsgard, no vaya usted a creer).

Encima de todo, qué decepción de Branagh en una película de acción, con escenas desprovistas de suspenso e imaginación, con peleas aburridas y mal coreografiadas para la pantalla.

Algunas notas finales:
1) Será el sereno, pero Nuevo México se parece sospechosamente a la Laguna Salada, en Baja California...
2) Qué poca imaginación para el diseño de producción, especialmente lo dibujado por computadora (el chinche puente de arcoíris parece adorno setentero de plástico y foquitos de colores, como los que mi tía la hippie ponía en su cuarto).
3) Lo mejor de la película, Tom Hiddleston como Loki, el hermano de Thor. Aparte de las escenas en Nuevo México (La Salada... a mí no me la pegan), cada vez que aparece Loki en pantalla la película se vuelve interesante.
4) Sólo dos mujeres llaman la atención como tales en la película: Natalie Portman como el interés terrenal de Thor y Jaimie Alexander como su amiga mitológica incondicional. No pido más en una pantalla de cine.

jueves, 24 de octubre de 2013

Gravedad ***1/2

(Gravity, EUA 2013) Clasificación México ´B´/ EUA ´PG-13´
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala
Gravedad es, sobre todo, un triunfo de la narrativa visual. La historia es sencilla: después de un accidente en órbita, a 600 kilómetros sobre la Tierra, dos astronautas quedan flotando a la deriva, desconectados de su nave. Sólo queda vivir o morir. El que vivir sea una de las dos posibilidades es el tema que el director Alfonso Cuarón escoge para, por hora y media, llenar la pantalla con las imágenes más sorprendentes que he visto en un cine en décadas.

Cuando supe de qué trataba Gravedad inmediatamente pensé en Mar Abierto (Chris Kentis, 2004), aquella película en que una pareja de buzos es abandonada en alta mar y por hora y media no vemos otra cosa que dos personas flotando en el agua. Bueno, una que otra aleta de tiburón por aquí y por allá. Para un cineasta, la cuestión es qué tanto se puede mostrar, que resulte interesante para el espectador. En Mar Abierto, en retrospectiva, la pantalla pudo haber estado negra desde que la pareja queda abandonada en el mar, ya que el énfasis está en los diálogos. Algo así esperaba de Gravedad. Obtuve exactamente lo contrario.

Para empezar, toda la acción ocurre en el espacio, en órbita sobre la Tierra. En el espacio, vacío por definición y como nos avisa un breve texto en pantalla al inicio, la vida es imposible. El que los humanos tengamos una estación espacial y un telescopio gigante orbitando el planeta da testimonio de nuestra capacidad para ir en contra de las reglas: la vida sí es posible, cuando nos las ingeniamos. Cuarón y su cinefotógrafo de cabecera, Emmanuel Lubezki, se toman su tiempo para mostrarnos en la majestuosa secuencia inicial, una sola toma de casi veinte minutos de duración, los frutos del ingenio humano. Ahí, en donde todo está vacío y la vida es imposible, un grupo de personas trabaja sobre el telescopio Hubble, enfundados en trajes de astronauta, algunos conectados con bandas flexibles al telescopio o al transbordador, otros montados en una especie de silla con propulsores para moverse de un lado a otro. Por un lado se ve permanentemente la gran esfera azul que es nuestro planeta. Y por el otro, no se ve nada. Oscuridad total y las estrellas a lo lejos. Demasiado lejanas como para siquiera tomarlas en cuenta. Cuarón y Lubezki nos van mostrando, en un incesante y fluido movimiento, el área circundante al Hubble y al transbordador, mientras los astronautas hacen su trabajo. El telescopio, la nave, los astronautas y la Tierra, siempre la Tierra. Estos primeros veinte minutos ya valen el boleto.

Eventualmente ocurre el accidente y, como se anuncia, dos astronautas (Sandra Bullock y George Clooney) quedan a la deriva y sin comunicación con el control de la misión en la Tierra (voz de Ed Harris, al igual que en Apollo 13, Howard 1995). Cuarón y Lubezki, aún en medio del desastre, continúan mostrándonos todo, prácticamente sin cortes, lo cual resulta muy impactante para mostrar la vastedad del espacio y la gravedad (pues sí, como en el título) de la situación. Especialmente efectivos son los cambios de puntos de vista, que ocurren varias veces, cuando la imagen que vemos se va acercando a Sandra Bullock hasta tener su cara en toda la pantalla para, sin cortes, convertirse en el punto de vista de ella, de modo que vemos lo que ella ve y, en el mismo movimiento fluido, el punto de vista vuelve a cambiar para mostrar a Bullock nuevamente en medio de su entorno.

Decía que con las puras imágenes ya se paga el boleto y me doy cuenta de la perogrullada: el cine es eso, imágenes en movimiento. Y sin embargo, generalmente decimos que vamos al cine por las historias. En Gravedad, Alfonso Cuarón y su hijo, Jonás (ópera prima Año Uña, 2007) han escrito una historia que parte de una regla, la imposibilidad de la vida en el espacio e insertan a humanos en esa imposibilidad. Las imágenes son una sucesión de tranquilidad, caos, tranquilidad, caos. Lo que viven los personajes en Gravedad es igual. Tranquilidad, caos, tranquilidad… Y viendo las imágenes, nos damos cuenta de que sólo cuando hay humanos en medio de todo, esas ideas cobran sentido.

jueves, 17 de octubre de 2013

Heli ***1/2

(México/Francia/Alemania/Holanda, 2013) Clasificación México ´C´
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala
Heli es ficción nacional. Una mañana aparece un hombre asesinado, colgado de un puente; otro día, algunas cabezas separadas de sus cuerpos. Otro más, un muerto a tiros a la orilla de un camino vecinal. Se denuncian “levantones”. Las policías no resuelven los casos que desde hace años ya pueblan nuestros noticieros y las conversaciones cotidianas en buena parte del país. El ejército y las autoridades federales organizan actos de destrucción de droga confiscada, para que vivamos mejor. Pues sí: tiene que haber consecuencias, así como tiene que haber razones para tanta descomposición social. El director Amat Escalante presenta su idea de ambas en Heli.

Las razones son claras en la historia escrita por el propio Escalante (Los Bastardos, 2008; Sangre, 2005)  junto con Gabriel Reyes, y fotografiada casi como documental por Lorenzo Hagerman (Presunto Culpable, 2009). La desintegración familiar, la ignorancia y la falta de oportunidades hacen parecer fácil y aceptable lo que como sociedad habíamos acordado que no debe ser. Heli, un joven de unos veinte años apenas puede mal reaccionar a lo que va ocurriendo a su alrededor en unas cuantas horas: su hermanita de doce años se esconde para ver a su noviecito, un cadete de diecisiete que ve en las fuerzas armadas una opción tan viable como otras que van en sentido contrario a la ley. La esposa y el padre de Heli, igualmente sin deberla ni temerla, se ven arrastrados por los hechos. Cada quien tiene sus preocupaciones personales y cuando menos piensan nada parece tener más que un solo sentido: sobrevivir.

¿Las consecuencias? De repente, en un día de suerte, se vive. Junto con nuevos mexicanos, algunos seguimos aquí; otros, no. El INEGI nos seguirá censando. Los tinacos de asbesto son reemplazados por otros de plástico.  Para que vivamos mejor.

viernes, 11 de octubre de 2013

Lluvia de Hamburguesas 2 **

(Cloudy with a chance of meatballs 2, EUA 2013) Clasificación México ‘AA’/EUA ‘PG’
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Viendo Lluvia de Hamburguesas 2 sentí como cuando voy a la tienda y veo un producto cuyo empaque dice el típico: “¡Mejorado!” y agrega “25% más producto, gratis”. Mire usted, si a mí un producto me gusta, ¿por qué habría de necesitar que el fabricante lo mejore? Y si para animarme a consumir la versión “mejorada” me tienen que regalar 25%, 50% o 100% más, no sé usted, pero yo empiezo a sospechar.

Lluvia de Hamburguesas 2 fue presentada como “La Venganza de las Sobras”, lo cual, desde el póster y los cortos, prometía más diversión, continuada de la aventura original, donde Flint, un joven e incomprendido genio inventa una máquina que puede convertir agua en comida. Las cosas se salen de control y la máquina inunda de comida la isla donde vive Flint, quien termina salvando a todos y se reconecta con su padre. En esta “segunda parte” los productores optaron por contar una historia donde Flint es engañado por un magnate/gurú al estilo de Steve Jobs (el fundador de Apple), para recuperar la máquina que hace comida. Flint, naturalmente, regresa a la isla y la encuentra repleta de comida que ahora ha cobrado vida y las hamburguesas parecen arañas gigantes, los mangos parecen flamingos (“flamangos”) y así por el estilo.

Cierto, La Venganza de las Sobras a ratos se parece a Parque Jurásico, a ratos a Parque Jurásico 2, pero muy pocas veces se parece a Lluvia de Hamburguesas. Los chistes alocados están ahí, pero las motivaciones de los personajes, para nuestra simpatía, están ausentes. Flint quiere complacer en todo al magnate y al final, la historia no es más que un refrito de la lucha del individuo bueno contra los malvados corporativos. Las mentadas sobras nunca obtienen su venganza, porque en primer lugar ni siquiera la estaban buscando.

jueves, 3 de octubre de 2013

Elysium **1/2

(EUA, 2013) Clasificación México ´B-15´/EUA ´R´
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

He aquí un ejemplo perfecto de lo que pasa cuando Hollywood mete las manos en un excelente proyecto y lo modifica de acuerdo a sus estándares y fórmulas probadas para asegurar taquilla. Elysium es la película con la propuesta moral más provocadora en lo que va del año, denunciando en la pantalla y a la vista de todos, la política antiinmigrante de los Estados Unidos y de paso su grandísima falla al no tener servicios de salud para todos sus habitantes. Pero la idea se simplifica de más al enfocar todo lo malo en una sola villana, Jodie Foster y todo lo bueno en un solo héroe, Matt Damon.

Visualmente, Elysium es lo mejor que se ha exhibido en 2013. Siendo una historia futurista, uno nunca duda que las naves espaciales y los robots sean tan reales como los destartalados y polvorientos camiones urbanos de Iztapalapa y Ciudad Neza (haciendo las veces de Los Angeles en 2145) con que coexisten en pantalla. Lo mismo con la impresionante estación espacial orbitando la Tierra, donde viven los pocos privilegiados del siglo XXII.

En cuanto a los humanos, ahí sí nos queda debiendo y todos ellos parecen más bien separadores de espacio, mientras a alguien se le ocurría cómo convertirlos en personajes. Por ejemplo, los cholos de Matt Damon y Diego Luna, aunque muy tatuados, hablan muy decentemente, nada de "ese" o "jomi". Y a todo ésto, ¿cuál era la función del "personaje" de Luna? A Jodie Foster, como la mala de la historia, nomás le faltó que se frotara las manos y se riera "MUA-JA-JA-JA..." Por otro lado, este acartonamiento sí funciona muy bien en el personaje del mercenario Kruger (Sharlto Copley), un sudafricano sicótico, tan aferrado y letal como el Terminator original de Arnold Schwarzenegger y que sirve de instrumento a la malvada Foster para acabar con la plaga que son los tercos inmigrantes. De paso, Kruger es el pretexto que tiene la cinta para desaparecer "personajes" a los que ya no les quiere dedicar tiempo.

Lamentablemente la parte política y social de la historia resulta muy caricaturizada al forzar la fórmula hollywoodense del héroe incorruptible y sacrificado, que enfrenta al mal encarnado en una sola persona. Y es que, ya que la propuesta es que todo el planeta se ha convertido en Iztapalapa y en vista de los hechos presentados, es inevitable pensar cómo es posible que en todo el mundo haya sólo un pollero (el actor brasileño Wagner Moura, de la excelente Tropa de Elite, 2007) dispuesto a enfrentar la barrera que mantiene a los migrantes en su miseria y pa'cabarla, sólo exista una persona tomando las decisiones a favor de los poderosos. Si usted quiere ver cómo habría sido Elysium sin compromisos con la industria de Hollywood, eche un vistazo a la anterior cinta del director Neill Blomkamp, Sector 9 (2009).


miércoles, 2 de octubre de 2013

Jack Ryan: De las letras a la pantalla

De izquierda a derecha: Jack Ryan, Jack Ryan y Jack Ryan.

Hoy falleció Tom Clancy, autor de las novelas que dieron lugar a las cintas sobre el agente de la CIA Jack Ryan: La Caza Del Octubre Rojo (1990), Juegos de Patriotas (1992), Peligro Inminente (1994) y La Suma de Todos los Miedos (2002), con Alec Baldwin, Harrison Ford, Ford nuevamente y Ben Affleck interpretando a Ryan, respectivamente. Cuatro buenas tardes de cine.

Y, como dicen, próximamente en una pantalla cerca de usted, Jack Ryan de nuevo:
Chris Pine, el chamaco de moda, se baja momentáneamente del Enterprise.

R.I.P.


jueves, 26 de septiembre de 2013

No Se Aceptan Devoluciones *1/2

(México, 2013) Clasificación México ‘B’/EUA ‘PG-13’
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala
A los mercadólogos les gusta un dicho: una buena publicidad mata a un mal producto. No estoy seguro que en el caso del cine esto sea cierto y como ejemplo está No Se Aceptan Devoluciones. El debut de Eugenio Derbez como escritor y director dista mucho de ser una buena película y, sin embargo, ya estrenada en México después de su irrebatible triunfo en la taquilla gringa, el público sigue acudiendo a las salas, tanto al otro lado como aquí, para atestiguar esa supuesta maravilla de la que nos hablan todos los días y que, de acuerdo a las noticias más recientes, hasta un Oscar se merece. La verdad, bajémosle tantito.

Para empezar, la historia de No Se Aceptan Devoluciones la hemos visto desde los inicios del cine, con Chaplin en El Chico (1921), hasta Adam Sandler en Un Papá Genial (1999), pasando por Kramer vs. Kramer (1979) y Tres Hombres y un Bebé (1987). El protagonista (aquí, Derbez en plan de rasposo galán acapulqueño) se ve forzado a convertirse en padre de una criatura (una bebita producto de la conquista a una gringuita springbreaker un año antes) de la que se quiere deshacer de buenas a primeras; con el paso del tiempo y contra todos los pronósticos, termina encariñándose con el indeseado crío y de paso demostrando que es un excelente padre, luchando para que no los separen cuando finalmente lleguen las fuerzas del orden a acabar con tanta felicidad cinematográfica.


En realidad este no es el problema de la película y en general, el cine se caracteriza por repetir una y otra vez los mismos temas, sin mayor argüende. Como ya he dicho antes aquí mismo, el chiste está en cómo se cuenta, no tanto en el chiste en sí. Lamentablemente, Derbez, que también escribió el guión, no aporta mucho en esta versión del padre inesperado, excepto por el humor que, en el mejor de los casos, provoca sonrisas y, en el peor, acaso mantiene el mismo nivel que el de sus programas de televisión. En otras palabras, si usted disfruta los chistes de Derbez En Cuando y La Familia Peluche, en No Se Aceptan Devoluciones tendrá más de lo mismo que puede ver en televisión, Sammy incluido.


Por el contrario, los puntos más altos de la película y que sí son para el disfrute de cinéfilos en general, curiosamente no tienen nada qué ver con lo que Derbez ha hecho antes y resultan en momentos genuinamente cinematográficos: el breve montaje del crecimiento de la hija y las escenas donde la niña (la pequeña actriz de siete años Loreto Peralta, excelente) lee las cartas que le escribe su imaginaria mamá, recreando todo en su mente, en segmentos animados muy graciosos.


Lamentablemente la película tiene dos lastres muy pesados. El primero y más notorio es el propio Eugenio Derbez. Su actuación es de gestos y tonos de voz exagerados, no sólo cuando dice los chistes que suenan como los de la tele, sino también y peor aún, cuando intenta conmovernos en las escenas serias. Esto es una lástima, porque Derbez se ha mostrado antes como un actor capaz de encarnar personajes distintos a su imagen televisiva y que encajan perfectamente en la historia que se cuenta, en las películas La Misma Luna (2007) y Educando a Mamá (2012), ambas dirigidas por Patricia Riggen. Tal vez cuando se dirige a sí mismo, no puede ver lo exagerado que resulta en pantalla, especialmente cuando tiene como compañera de escena a una actriz con entrega tan natural como la pequeña Loreto.


Y el segundo lastre son los obstáculos a la felicidad de padre e hija. Las razones legales, sociales y hasta "naturales" presentadas para evitar que sigan juntos están mal desarrolladas y peor metidas con apretado calzador, especialmente esa que únicamente busca, con todo y escandalosa música melodramática incluida, hacer llorar al respetable, sin importar la lógica y moralidad de la situación. Y mire, si ya me pongo a hablar de cuestiones morales mientras discuto una comedia de Derbez, no puedo más que declarar que… fue horrible… horrible.

jueves, 19 de septiembre de 2013

Parque Jurásico 3D ***1/2

(Jurassic Park 3D, EUA 1993/2013) Clasificación México ´A´/EUA ´PG-13´
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

¿Realmente se necesitan pretextos para ir al cine a ver el reestreno de Parque Jurásico? No sé usted, pero yo no tengo en casa una pantalla lo suficientemente grande para acomodar a un hambriento Tiranosaurio Rex a punto de devorar a sus aterradas víctimas, que huyen en un pequeño jeep. Bueno, en comparación, cualquier cosa es pequeña junto a un T-Rex. Volver a ver en una pantalla gigantesca esa sola escena, con todo y la imagen en el retrovisor advirtiendo “Los objetos en el espejo están MÁS cerca de lo que aparecen” para mí vale la pena el boleto y, por cierto, la molestia de los lentes para el efecto tridimensional, que es como se ha escogido reestrenar Parque Jurásico en su vigésimo aniversario.

Estamos ante el décimo tercer largometraje de Steven Spielberg, que en 1993 sorprendió nuevamente al mundo, como lo había hecho desde 1975 con el terror de Tiburón, la fantasía científica de Encuentros Cercanos del Tercer Tipo (1977), la conmovedora E.T. El Extraterrestre (1981) y las aventuras a la antigüita de Los Cazadores del Arca Perdida (1982). En Parque Jurásico seguimos a un paleontólogo (Sam Neill) en su increíble visita a las instalaciones de un zoológico altamente tecnificado, donde se ha logrado la proeza de clonar dinosaurios a partir de gotas de sangre atrapadas en ámbar. Al principio maravillado, el paleontólogo empieza a tener dudas sobre el rigor científico del proyecto, particularmente en cuanto a las medidas de seguridad para contener en un espacio cerrado (el zoológico está en una isla no habitada) a las gigantescas criaturas.

Y, como dice la Ley de Murphy: si algo puede salir mal, seguro saldrá mal; muy pronto el paleontólogo y sus acompañantes, dos niños que son los nietos del dueño del Parque Jurásico, se encontrarán corriendo como posesos para escapar del mentado Tiranosaurio Rex.

A diferencia de Tiburón y Encuentros Cercanos, donde el voraz pez y los extraterrestres no aparecen sino casi hasta el final, en Parque Jurásico Spielberg no se anda por las ramas. Nos promete dinosaurios y eso es lo que nos entrega a unos minutos de iniciada la película. Y de qué manera. Nunca antes una película había mostrado animales de este tipo con tal perfección de imagen y movimiento en un franco triunfo de la tecnología, a manos del equipo de efectos especiales del ahora legendario Stan Winston, que antes había estado a cargo de los monstruos en Aliens y Terminator 1 y 2. Combinando marionetas con dibujos y animación computarizados, en la mayoría de las escenas es imposible decidir si lo que estamos viendo es real o no. Por supuesto, sabemos que los dinosaurios de Parque Jurásico sólo son reales en la fantasía de la película pero en pantalla se ven tan reales como el paleontólogo y los niños o el bosque y los prados en los que se mueven.

Ahora, por supuesto y tratándose de Spielberg, en Parque Jurásico (la película, no el zoológico dentro de la película) la tecnología no es nada si no está al servicio del arte. Con todo lo que nos impresionan los dinosaurios en cada escena en que aparecen, la solidez de la historia contada por Spielberg está en la relación del renuente paleontólogo con los dos inquietos e indefensos niños.

Si en sus películas anteriores el héroe se despega completamente de hijos y familia para abrazar la aventura (el policía que se hace a la mar para cazar al Tiburón, el electricista que abandona todo en Encuentros Cercanos, el propio Indiana Jones, ajeno a cualquier lazo familiar), Parque Jurásico se convierte en una especie de redención del Spielberg adolescente, ahora convertido en padre en su vida fuera del cine, que finalmente reconoce que todas sus habilidades no sirven para nada si no tiene a alguien por quién velar, alguien de quién procurar el bienestar. El enfrentamiento del paleontólogo con las terribles lagartijas no es nada, pues, comparado con el reconocimiento de que la verdadera aventura está en ser responsable de alguien más, de esos hijos postizos con los que se ve forzado a sobrevivir en el terrible zoológico. Si Spielberg hubiera hecho Parque Jurásico unos cuantos años antes, júrelo usted que los niños se habrían despedido en la entrada del parque y no los habríamos vuelto a ver en toda la película.

También por ello mi renovada emoción por ver Parque Jurásico en la pantalla grande. En su momento, mis ímpetus veinteañeros se parecían más a los del aventurero que va solo en pos de los tiranosaurios y compañía. Veinte años después (dijera Alejandro Dumas)  ya no es lo mismo: si enfrento monstruos, lo hago por y con compañía propia. No puedo esperar a ser testigo de los ojos maravillados de mis hijos al ver en ese retrovisor, “más cerca de lo que aparece”, al gigantesco y todavía increíblemente real Tiranosaurio Rex.

Aprendices Fuera de Línea *

(The Internship, EUA 2013) Clasificación México ´B-15´/EUA ´PG-13´
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala
No quería dejar pasar la oportunidad de advertir al respetable: si a usted le gustó el hilarante trabajo de Owen Wilson y Vince Vaughn en Los Cazanovias (2005) y se quiere reír con este par nuevamente, mejor vuelva a ver Los Cazanovias. Y si a usted le gustaron los retos que enfrentan Mike Wazowsky y Sully para entrar a la escuela en Monsters University, mejor vuelva a ver Monsters University. Pero si de plano tiene muchas ganas de ver lo que se supone que alguien tiene que hacer para entrar a trabajar a Google, mejor entreténgase gugleando el asunto. Así de mala es Aprendices Fuera de Línea. Y si no me cree, aquí está la liga de Google a las críticas que confirman la pobreza de esta cosa.

jueves, 12 de septiembre de 2013

Mejor… ¡Ni Me Caso! *

(The Big Wedding, EUA 2013) Clasificación México ‘B-15’/EUA ‘R’
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala
Quién entiende a Hollywood. Compran una comedia francesa medio malona, la enlatan y deciden hacer una versión gringa con grandes, si bien otoñales estrellas. A saber, Robert De Niro, Susan Sarandon y Diane Keaton ¿De verdad la intención es mejorar el original francés o simplemente engatusar al público y  ganar lo suficiente en taquilla para que todos los involucrados puedan pagar la despensa? A juzgar por la pobre evidencia en pantalla con Mejor… ¡Ni Me Caso!, el plan B les resultó de maravilla y De Niro, Keaton y Sarandon ya salieron con los gastos del mes.

Don y Ellie (Robert De Niro y Diane Keaton) son los padres divorciados del desabrido veinteañero Alejandro (Ben Barnes), a quien adoptaron de pequeño, después de que su madre biológica le procuró una mejor vida fuera de su natal Colombia. Ahora Alejandro se va a casar y su mamá verdadera vendrá a la boda. Como ella es colombiana y “muy” católica, el avergonzado Alejandro fuerza a Don y Ellie a fingir que siguen siendo una pareja casada, a pesar de tener años separados y del hecho de que Bebe (Susan Sarandon) ha sido pareja de Don por muchos años y prácticamente una segunda (o tercera) madre para el desconsiderado Alejandrito. La fórmula obliga que los divorciados padres y la tercera en discordia acepten sin chistar (Bebe fingirá ser la cocinera o algo así) y por el bien del chamaco, así que todos se preparan para un fin de semana de locos, donde se tendrán que guardar las apariencias y contar mentiras al por mayor ante la visitante.

Puesto así, el asunto suena bastante divertido y con actores como los enlistados, uno esperaría pasar una hora y media fenomenal. Lamentablemente todo queda en esperanza. El guión escrito por el propio director Justin Zackham se encarga de sentar todas las bases para la comedia de enredos pero, escena tras escena, le niega a sus actores la posibilidad de brillar cómicamente, estableciendo una situación para cada personaje, para luego darles líneas poco graciosas y dejando a los actores solos con sus propios recursos. Esto resulta más evidente en unos que en otros, ya que el reparto es lo suficientemente grande para acentuar las diferencias. Por ejemplo, uno de los tres hijos de Don y Ellie es un médico treinteañero interpretado por el siempre efectivo Topher Grace y cuyo conflicto es que juró mantenerse virgen hasta el matrimonio. El joven médico, carita como es y estando en una comedia, por supuesto tiene muchas tentaciones entre las enfermeras del hospital, que saben y tratan de hacerlo romper el mentado juramento. Pues bien, solamente la primera escena donde conocemos al doctorcito usa este planteamiento y, excepto por un par de menciones posteriores por parte de la familia, de nada sirve esta información ya que, en plena boda y en cuanto se le atraviesa la primera invitada curvilínea y ganosa, el jurado médico la persigue sin descanso para acostarse con ella. Esperemos que al menos el juramento hipocrático sí le sirva para algo.

Otro ejemplo: los papás divorciados, Don y Ellie, prometen al adoptado Alejandro fingir que siguen casados para no escandalizar a la madre biológica. Uno esperaría escena tras escena de malos entendidos entre ellos, sobre todo en la presencia de la mamá colombiana. Pues bien, solamente durante la bienvenida a la visitante se explotan con fines cómicos la mentira y el hecho de que la buena señora no habla Inglés, de modo que Don y Ellie pueden decir lo que quieran frente a ella, mientras quien traduce arregle todo al decirlo en Español. De ahí en adelante, esa premisa se usa solamente con fines sentimentalistas, olvidando que la película es una comedia.

Y a todo esto, esa es una constante en la película. Cuando al director/guionista Zackham se le acaba la gasolina de la comedia, invariablemente cambiará la escena a melodrama sentimentaloide, lo cual es una lástima, considerando que la mayoría de estos actores ha demostrado a lo largo de sus carreras ser bastante competente para hacer reír al respetable y Mejor… ¡Ni Me Caso! termina siendo una serie de oportunidades perdidas y un escaparate de intérpretes a quienes hemos visto, y seguramente volveremos a ver, en mejores días. Pero aquí, mejor... ni verlos.